lunes. 15.04.2024
El tiempo
Opinión

Se va el consejero de Sanidad que reventó Santoña

El consejero de Sanidad del Gobierno de Cantabria, Miguel Rodríguez (PSOE), anunció que se va, dimite y deja su cargo a falta de un año y tres meses para acabar la legislatura.

Se va el consejero de Sanidad que reventó Santoña

Un político que se convirtió en protagonista cuando, sin previo aviso, declaró un cordón sanitario en Santoña que sirvió para reventar el pueblo en septiembre de 2020.

El día 2 de ese mes y año, por la mañana, llega la noticia a Santoña, y por la tarde, la hostelería ya estaba recibiendo avisos para cerrar sus locales durante 14 días.

Todo esto, a escasos días de comenzar las fiestas de la Virgen del Puerto, que debido a la situación de pandemia, evidentemente, carecía de un programa de actos, actividades y espectáculos y por lo tanto nada tenía que ver con su tradicional celebración.

Sin embargo, el día 8 de septiembre, un gran número de vecinos reserva en los restaurantes para comer con amigos y familias en una fecha tan señalada. La decisión pilló a este sector con las reservas de las mesas ya organizadas y con la adquisición de bebidas y materias primas en la despensa para trabajar esos días de fiesta.

La decisión fue tan drástica e improvisada que, primero, originó la desbandada, a toda prisa, de los turistas que aún quedaban en Santoña. Y segundo, se cerró la hostelería y los gimnasios, con el consiguiente trastorno, todo ello con el consentimiento del presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla (PRC), y el vicepresidente regional, Pablo Zuloaga (PSOE).

Lejos de dar la cara, el consejero envió a Santoña a su número dos, la directora General de Salud Pública, Paloma Navas, para reunirse con representantes del sector conservero de pescado que por aquel entonces sufría también la pandemia. Una reunión patética y lamentable, organizada por el Gobierno regional, que acogió el salón de actos del Ayuntamiento, y en la que se hizo perder el tiempo a los conserveros.

Un encuentro en donde Paloma Navas se limitó a recordar, ya en septiembre de 2020, a los asistentes las medidas anticovid-19 que debían tomar, es decir, vino a tirarse la fotografía para la prensa y acabó con una protesta del sector hostelero en el momento de salir del Palacio de Manzanedo, mientras el consejero se encontraba en Santander. El malestar era grande y evidente en Santoña.

Recordar que a quien fue a dar la cara a Santoña, la directora General de Salud Pública, y recibió la bronca de los hosteleros, luego el consejero de Sanidad le dejó caer y fue cesada de sus funciones, supuestamente, por discrepancias surgidas entre ellos en la gestión de la pandemia. Mientras tanto, Miguel Rodríguez continúo en su cargo con el beneplácito de Revilla y Zuloaga que guardaron silencio en todo momento.

Pero estas decisiones que se toman así, conllevan otros despropósitos, como bloquear la carretera de los Puentes al tráfico, vía de comunicación más rápida para acceder al Hospital Comarcal de Laredo en el caso de que surja un incidente. Al menos, la delegada del Gobierno, Ainoa Quiñones, a petición del alcalde, Sergio Abascal, recapacitó y dio marcha atrás.

Y aquí no acaba la repercusión. El curso escolar empezaba en unos días y los profesores y una gran parte de familias se posicionaron en contra de comenzar las clases, con concentración incluida en la Plaza de San Antonio y en el acceso al municipio vecino de Argoños. La imposición provocó que las clases comenzasen, pero con un gran número de alumnos sin acudir a las aulas.

Por si fuera poco, los estudiantes universitarios que debían acudir a los exámenes de septiembre también tuvieron problemas para desplazarse a Santander.

Y si las formas no fueron las adecuadas, el criterio deja mucho que desear. Santoña, con alrededor de 11.500 habitantes,  en el momento de decretarse el cordón sanitario contaba con 562 positivos detectados por cada 100.000 habitantes, cuando en Cantabria era de 193, y el aumento de positivos en PCR paso del 7,4 por ciento al 9,4 por ciento

El 27 de enero de 2021, Laredo, Colindres, Santa María de Cayón y Polanco sufrieron el decreto del cordón sanitario de este mismo consejero. No les pilló por sorpresa, unos días antes ya se veía venir, puesto que el Gobierno regional advirtió de las cifras de contagio en estos municipios.

En Laredo y Colindres la incidencia en los últimos 14 días superó los 1.000 casos por 100.000 habitantes. En los casos de Polanco y Cayón la incidencia acumulada en las dos últimas semanas fue de 690 y 589 respectivamente, teniendo en cuenta que son municipios con una población superior a los 5.000 habitantes.

En Cantabria hay otra decena de ayuntamientos que superan los 500 o, incluso, los 1.000 casos de incidencia, pero que no van a ser confinados, al menos de momento, ya que su población no supera los 5.000 habitantes. Es el caso de Voto (670 casos); Limpias (674), Guriezo (601), Valderredible (1.053), Vega de Pas (3.619), Puente Viesgo (1.652), Bárcena de Pie de Concha (1.190), Liérganes (665), Villafufre (704), Miengo (818) y Santillana del Mar (520). Este fue el criterio que siguió el consejero de Sanidad.

A ello hay que añadir la posición en contra de los sindicatos por las condiciones laborales de los trabajadores en algunos ámbitos. CCOO llegó a pedir su cese por su prepotencia e inacción para regularizar los puestos de trabajo y la plantilla del servicio de diálisis de Cantabria fue a la huelga para exigir su mediación. Incluso UGT acusó a Sanidad de vulnerar el derecho de huelga en el servicio de diálisis con unos servicios mínimos del 100 por cien.

Para completar su gestión, hay que incidir en la falta de personal sanitario en los centros de salud de El Astillero, Santoña o Castro Urdiales, por ejemplo. En estos dos últimos municipios se organizaron manifestaciones y recogida de firmas ante las quejas de la población.

Parece ser que el consejero de Sanidad no ha aprendido nada a la hora de comunicar sus decisiones. Ya lo demostró con el cordón sanitario en Santoña y lo ha vuelto a repetir ahora cuando ha transcendido su dimisión.

Esperemos que en su regreso a la profesión tenga un mayor criterio y acierto por el bien de la salud de los pacientes.