lunes. 26.02.2024
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Opinión

Dear Harry

Claro, claro, si ya lo decía la telenovela de los 80 que los ricos también lloran, que tienen sentimientos y que sufren como el común de los mortales, ¿verdad Harry, príncipe de Inglaterra?

Cómo me gustan a mí este tipo de historias, donde el díscolo de una familia real se rebela contra el imperio y decide dejar la Family Fever como aquél que abandona a la mafia sin darse cuenta de que haga lo que haga siempre pertenece a ella y que, si lo intenta, uno desaparece de la noche a la mañana, de manera extraña y sin que se busque su cuerpo en algunos casos.

Según este chico nadie en el mundo ha sufrido como él, nadie más ha perdido a una madre, nadie más sabe el peso que es tener que llevar un apellido y eso le ha sobrepasado sobremanera hasta tal punto que ha dicho basta y ha tomado la tangente sin saber si era una escalera al infierno o al más absoluto destierro.

Mira, príncipe destronado, te voy a decir yo lo que es ver sufrir a la gente porque creo que te has perdido por las ramas y nadie te ha explicado cómo hay que plantar un árbol, porque hasta para eso hay que esforzarse y tú eres de los que poco conocen ese concepto, el de esforzarse, digo.

Estar jodido en la vida es ver cómo tu madre muere porque no tiene acceso a la medicina o a una operación extrema porque hay cola de espera. Sufrir en esta vida es comprobar que hay familias que tienen estudios, carreras y mil títulos más y no tienen un trabajo, porque ahora solo los ocupan los recomendados del gobierno, cuando a ti lo que te importa es que tu culo real se limpie con papel de oro de 18 kilates. Sufrir es comprobar que hagas lo que hagas no puedes pagar la luz, el pan, el piso o la compra semanal. Eso es sufrir, lo tuyo, en cambio, es llorar porque la colonia de Channel es a granel y te hace daño en la piel.

Cosas de ese estilo son sufrimientos, Alteza Real, lo tuyo es una tontería que se te hubiera quitado con una hostia bien dada, pero en la monarquía eso es un delito tan grave que se puede pagar con pena de guillotina, por lo que nadie te la ha dado a tiempo y lo que se habrían ahorrado en psicólogos de Harvard hubiera sido de beneficio público para la asociación: “príncipes sin fronteras”.

Quiero probar tu mierda de vida, esa que vendes a los cuatro vientos y que te hace salir por la puerta de atrás porque ni tan siquiera para eso tienes clase. Si querías dejar la monarquía, excelente, hasta te aplaude el pueblo porque dejan de alimentar a otro tonto de baba que se queja de patrañas y llora porque no soporta la presión mediática y eso es un alivio en buen grado. En este punto exacto quería parar yo para hacer un inciso, tan incisivo, que ibas a saber lo que era la presión y no lo que vives en tu casa.

Si quieres saber lo que es presión mediática vete a vivir a un barrio de marujas donde te van a seguir las pautas de tu vida de tal manera que serán retransmitidas a un nivel mundial hasta tal punto que hasta la vecina del tercero sabrá lo que comes, la hora de tener ganas de ir al baño y te adjudicarán amantes, hijos, y suegras donde antes no había campo.

Tú no sabes lo que es sentirse acosado por la prensa; presión es vivir en un barrio obrero con antenas por todos los lados para comprobar tus pasos sin necesidad de internet porque las lenguas viperinas son más hábiles que mil gigas con Vodafone. Te aseguro que muchas revistas están perdiendo el tiempo porque no contratan a las del visillo para que les hagan de paparazzis en este mundo donde nadie vive la propia vida porque es más excitante la del vecino de al lado. ¡Que tiene presión, dice aquí este, lo que hay que escuchar de  estos anormales!

Por otro lado si querías haber sido más exclusivo y quedar como un señor podrías haber cerrado el pico y no dar exclusivas en Estado Unidos a la Oprah, que ha sacado más tajada con ella que un banquero en Wall Street con la venta de puros Habanos sin ser de Cuba sino de China y adulterados, pero no, había que seguir rentabilizando a la monarquía porque esta te ha destrozado la vida y hay que continuar llevando el pan a casa, que uno trabaja duro para mantener las exigencias de la Markle en todo su esplendor y marcharse a currar a una mina no es trabajo para unas manos tan finas, ¿eh? Mira si somos selectivos de narices. ¡Dios, qué difícil es ser príncipe en este siglo!

A veces, y digo solo a veces, es mejor quedar bien con uno mismo y no vender la vida de nadie. ¿Qué te quieres ir?, vete, pero no vendas las miserias de la gente en una cadena pública para seguir sacando tajada de aquello que desprecias y no quieres en tu vida, porque de lo contrario la retroalimentación que estás provocando es tan inmunda que huele desde lejos.

Ya me gustaría verte yo a ti en un piso de sesenta metros cuadrados, con poca luz, interior y con un vecino que se pasa el día fumando y tirando colillas al toldo de la vecina para ver si lo incendia y le jode la lencería fina. Ahí sí que le hubieras dado en toda la boca a tu padre, hermano, espíritu santo, la Santísima Trinidad y hasta a la mula del belén viviente porque esta se iba a manifestar para no volver a posar en Navidad con la nueva ley de la protección animal.

Pero no, ese no era el plan. El tema lo tenías muy bien estudiado, tanto, que de poco te dan un máster los del PP español  sin pisar la facultad ni consultar con el director de tesis. Como tu mujer no encajaba lo mejor era vender a la familia, vaya por delante que yo no soy monárquica, pero esto lo traslado a cualquier familia que se precie, por lo que has esperado a que muera la Reina de Reinas para hacer públicas tus memorias, quizás contando los minutos y segundos que le faltaban a esta para saber que en cuanto cerrara los ojos para siempre las cifras millonarias por estas iban a ser suculentas. Eres fino hasta para eso, Harry, me encantas, así mismo te lo digo.

Y encima habrá que alabarte por haber dejado el palacio con una estancia vacía, ese hueco a ver quién lo llena porque están escasos de inquilinos, parece ser.

Deberías haber dejado el título antes de casarte, esa habría sido una coherencia real que pocos monarcas y descendientes entienden. Ahí te hubiese aplaudido, pero no, ¿cómo lo ibas a dejar cuando tu mujer quería una boda de princesa y no estabas dispuesto a decir no? No, no, no, no eso no podía ser porque hay que dar capricho a las imbecilidades de una actriz que da grima verla cómo se expresa ante un reportero mostrando con insulto cómo le hizo el saludo reverencial a una reina porque es más inculta que Marifé de Triana hablando latín con Séneca, ahí es nada.

Solo esa imagen del documental que habéis vendido provoca un rechazo extremo. Ahí teníais que haber tenido los santos ovarios de decir nos marchamos, lo dejamos, no es para nosotros, pero claro, había exclusiva, dinero fresco, un título que vender a la prensa y eso no se podía perder, para nada, que es muy rentable y sacamos parné de donde sea. Ahí te hubieras ganado todos mis respetos, pero ver cómo habéis sacado tajada de todo me produce hasta ardores de estómago, cuando siempre he dicho que las monarquías son lo más anacrónico de este siglo. Ni con sales de fruta ENO se consigue controlar la acidez estomacal por tanta tontería que tenéis dentro.

Para dar gusto a la que tienes por esposa vas a necesitar vender hasta la ropa real interior porque esta mujer no se va a conformar, eso te lo digo yo, por lo que mira a ver si puedes comprar de contrabando los de Abanderado, porque eran los mejores y no los que llevas ahora como si fueran oro en paño. Ya me lo veo venir, venderéis por fascículos, como los de Agostini, todo lo que se precie: el bautizo y los gestos de la reina al comprobar si tu descendiente era de color o no, la sopa fría que se sirvió en el convite, la cara de tu cuñada y tu hermano, tus sobrinos maleducados... Un Froilán te daba yo para que supieras lo que es soportar a un sobrino NINI con tara mental, una madre que en vez de educar, que la pobre ni sabe lo que es, le da un visado a Emiratos y lo pagamos todos, porque estamos de ronda y no es cuestión de ser tacaños, y no lo que tienes tú en casa.

Bueno, bueno, hay tanto para contar que no vas a necesitar trabajar para los restos, porque esa es otra, ¿tú exactamente en qué trabajas? Sin más, una pregunta retórica que me ha venido a la cabeza.

Cuando uno se larga se va con elegancia y no vendiendo lo que a la prensa carroñera le encanta. Puedes desahogarte con amigos, para eso están, pero el resto del mundo no debería saber nada de lo que se cuece en tu vida. Te garantizo, y lo sé porque lo he sufrido, que cuando uno se vende por dinero se prostituye para los restos, si yo te contara lo que hay en mi familia me harías los recados y no tardando. Ten clase y manda a todos a la mierda, pero, claro, el dinero es jugoso y sé lo que es capaz de hacer cualquiera cuando uno ve el signo del dólar y pierde todo lo que había construido desde hacía años.

Te acabas de convertir en el mediocre que no sabe vivir si no es vendiendo lo que vivió y lo que volverá a vivir, porque la cabra tira para el monte, cariño, y no tardando volverán a anunciar que regresáis a la casa real. Al tiempo. Como pitonisa no tengo precio.