lunes. 24.08.2026
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CRÍTICA

Una irregular Gala lírica con Piotr Beczala y Kathryn Lewek en el FIS

Kathryn Lewek, soprano y Piotr Beczala, tenor.
Una irregular Gala lírica con Piotr Beczala y Kathryn Lewek en el FIS

FICHA TÉCNICA:

-Festival Internacional de Santander. Gala lírica. Kathryn Lewek, soprano. Piotr Beczala, tenor. Obras de Verdi, Donizetti, Bizet y Puccini. Orquesta Sinfónica de Bilbao. Director: José Miguel Pérez-Sierra. Palacio de Festivales, Sala Argenta, sábado, 22 de agosto de 2026.  

Dentro del ciclo lírico de la actual programación del Festival Internacional de Santander (FIS) no podía faltar una Gala lírica con dos de las voces más interesantes del actual panorama musical, en este caso con la soprano estadounidense Kathryn Lewek y el tenor polaco Piort Beczala, a los que acompañó la Orquesta Sinfónica de Bilbao con la dirección de José Miguel Pérez-Sierra. Tiene su interés para evaluar las distintas evoluciones vocales de ambos cantantes que, como veremos, corren distintos caminos.

Saludos tras el concierto
Saludos tras el concierto

El programa estaba formado por arias y dúos operísticos muy conocidos y hasta trillados, aunque exigentes vocalmente, lo cual siempre es un riesgo porque el público aficionado se sabe casi de memoria los distintos fragmentos a interpretar. El concierto tuvo dos partes con resultados opuestos, con una primera mitad algo deslavazada y poco convincente, y una segunda parte más comedida y controlada.

De primeras se puede decir que el gran triunfador de toda la velada fue Piotr Beczala. El tenor polaco está en un momento álgido de su carrera, con un estado vocal envidiable. Los que hemos podido escucharle en distintas ocasiones, notamos su evolución vocal gracias a una sólida técnica que le ha permitido pasar de sus inicios mozartianos a la actualidad, poseedor de una voz de tenor heroico, plenamente lírico, que le permite afrontar papeles de envergadura, desde el gran Verdi hasta el ‘Lohengrin’ wagneriano.

Lo demostró de entrada con el dúo y el aria de ‘Rigoletto’, con fuerte expresividad y garra. En su aria ‘Parmi veder le lacrime’ estuvo convincente a pesar de ser una escena incómoda y de poco lucimiento. Fue una clara tarjeta de visita para lo que vendría después, con el aria de La flor de Carmen, y sobre todo con ‘La Bohème’, donde estuvo pletórico en ‘Che gelida manina’, de enorme expresividad, respiración controlada y fraseo nítido. Sus dos agudos fueron ejemplares, limpios, naturales, de enorme proyección. Se ganó las ovaciones que recibió, siendo lo mejor de la noche.

Es cierto que en alguna ocasión usa los golpes de glotis para dar mayor relevancia a alguna frase, lo que le limita algo a la hora de cantar con más contrastes vocales, pero su técnica es tan sólida que le permite solucionar cualquier pequeño desliz sobre la marcha, como le ocurrió en el aria de ‘Lucia di Lammermoor’.

Su control de los reguladores, la respiración y una vocalización perfecta, le permite el uso con total seguridad de las notas de paso del centro al agudo, manteniendo la musicalidad y el control de la afinación.

El caso de Kathryn Lewek es distinto. Es una buena cantante con una voz de timbre muy interesante, como demostró en su ‘Reina de la Noche de La flauta mágica’ que pudimos escuchar en la inauguración de este FIS. Está en un proceso evolutivo natural de su voz, pasando de una soprano lírica de coloratura, a una lírica pura, casi spinto.

Desapercibido

En la primera parte eligió fragmentos donde ya se le nota que la voz no le responde como antes. En los dúos de ‘Rigolett’o y de ‘Lucia di Lammermoor’, quedaba oculta por la voz de Beczala y por la propia orquesta, que luego hablaremos. Y su ‘Caro nome’ pasó casi desapercibido por un fiato poco seguro y un fraseo mejorable.

La cosa cambió en la segunda parte, con escenas más acordes a su estado actual. Estuvo lírica y musical en el aria de ‘Micaela’ de Carmen (su mejor intervención en el concierto) y más cómoda en el dúo, al ser fragmentos más expresivos, con frases menos arriesgadas. Su escena de ‘La Traviata’ fue resuelta con seguridad, con más calma y, aquí sí, bien apoyada por la dirección de Pérez-Sierra.

Kathryn Lewek tiene en las notas graves uno de sus puntos débiles, además de una vocalización deficiente (no se le entiende nada de lo que canta) y una costumbre al sobreagudo no escrito (y por tanto innecesario), que tiende al grito y afea muchos finales. Esperemos que su evolución la lleve por el buen camino en su carrera.

A la dirección de José Miguel Pérez-Sierra le pasó algo parecido. Toda la primera parte la pasó de espaldas a los cantantes, sin un control en las entradas y dando exceso de sonoridad a la orquesta, lo que produjo que en varias ocasiones tapara a la soprano, sobre todo en sus notas graves, e incluso obligara a Beczala a cantar con más volumen del necesario. La situación también mejoró en la segunda parte, más pendiente de los cantantes y un mayor control sonoro orquestal.

La prueba de esto fue la diferencia entre la inicial obertura de ‘La forza del destino’ que sonó bastante vulgar, al ‘Intermezzo’ de Manon Lescaut en la segunda parte, donde toda la sección de cuerdas de la Sinfónica de Bilbao pudo lucirse como se merecía. La orquesta bilbaína tiene buen sonido lírico, de violines y chelos de gran sonoridad y una sección de viento bien empastada y afinados. Sólo necesitan una dirección que les marque de forma clara las dinámicas y el equilibrio sonoro entre familias.

Ante la respuesta del público, Kathryn Lewek nos regaló una versión del espiritual ‘He’s got the whole in His hand’ y Beckzala nos brindó un ‘Amor ti vieta’ de Fedora, lleno de expresividad romántica que volvió a emocionar al auditorio. Con la Sala Argenta llena, no podía faltar el fin de fiesta con el brindis de ‘La Traviata’ que terminó poniendo al público en pie. Lo que suele ocurrir en este tipo de “galas”.