El poder de la música clásica y la lírica, ¿son buenos tiempos?
Es frustrante que, en Santander, fuera del festival veraniego, no podamos disfrutar en el Palacio de Festivales de la presencia de grandes orquestas y de exitosas producciones escénicas
Cuando Bertolt Brecht escribió en 1939 su poema ‘Malos tiempos para la lírica’, expresaba que los sentimientos y la actividad cultural tenían muchas dificultades en un mundo dominado por el dinero. Detallaba el horror de la guerra y la injusticia social, y hoy día se podría añadir a las prisas, la inmediatez y la frialdad de las vidas que pasan rápido, sin dejar un poso de recuerdos que alimente nuestra existencia.
Pero parece que esa percepción del poeta alemán, que también cantaría el grupo pop Golpes Bajos en 1983, está cambiando. Según el estudio internacional Classical Pulse publicado con motivo del Día Internacional de la Música, el 68 por ciento de los españoles ha acudido al menos una vez en su vida a un concierto de música clásica, una cifra que sitúa a nuestro país por delante de México (65%), Brasil (63%) y Alemania (62%) y otros países analizados como Australia, EE UU, Reino Unido, Italia o Canadá, que tenían porcentajes más bajos.
Es patente un aumento del interés de la gente joven por asistir a algún concierto clásico o a alguna ópera o zarzuela, y no digamos ya al ballet del gran repertorio y a la danza contemporánea. Según dicho estudio, el 90% de los españoles de entre 18 y 44 años asistió al menos a un concierto de este género durante el último año. Las formas de comunicación, sobre todo en redes sociales, está acercando a las nuevas generaciones a los auditorios y teatros, lo que hace unos años era muy difícil que ocurriese.
De esta nueva situación, los teatros y festivales clásicos, son muy conscientes y llevan ya unos años renovando, no sólo los títulos y obras a programar, sino también las producciones escénicas, con directores que intentan trasladar los dramas y comedias a esta nueva generación de espectadores, que tienen el nivel muy alto en su exigencia. Aquí sí que las redes sociales tienen mucho que ver, para lo bueno y para lo malo.
Las ciudades con gran tradición musical y lírica hace tiempo que se han puesto las pilas en este sentido, y no solo en Madrid o Barcelona, sino Valencia, Oviedo, Bilbao o Sevilla, por poner algunos ejemplos, han incluido en sus cartelones obras barrocas y contemporáneas mezcladas con el repertorio romántico, con grandes directores y repartos que causan asombro y que están siendo muy bien recibidas por el público.
Es evidente que la materia donde elegir repertorio es tan basto que el horizonte parece no tener fin. De zarzuela hay obras escritas desde 1658, con Felipe IV encargando divertimentos a Calderón de la Barca que, junto al músico Juan Hidalgo, escribieron auténticas joyas que hoy se están descubriendo. Títulos como “El laurel de Apolo” (1658) o “La púrpura de la rosa” (1659) buscaban parecerse a las historias mitológicas que venían de Italia.
En Florencia se venían componiendo obras cantadas desde principios del siglo XVII, con “Euridice” (1600) del músico Jacobo Peri, como primera obra así considerada. Pero ya sería el gran Claudio Monteverdi el que daría forma definitiva a la ópera con su “L’Orfeo” (1607) basada en el Euridice de Peri, y que marcaría el inicio de un género que llega hasta nuestros días.
El caudal teatral y musical español de los siglos XVII y XVIII sigue siendo materia de estudio y descubrimientos magníficos. Incluso en Francia se están recuperando obras españolas de aquellas épocas de un nivel musical increíble. El último ejemplo fue la recuperación de “Coronis” (1701), atribuida a Sebastián Durón, que pudimos ver hace dos años en el Festival de Zarzuela en Oviedo, con la magnífica producción del Théâtre de Caen y con la dirección de Vincent Dumestre al frente de la estupenda agrupación Le Poème Harmonique, conjuntos que podremos disfrutar este mes de agosto con su Carnaval Barroco, dentro de la programación del Festival Internacional de Santander.
Pero a pesar del esfuerzo que se hace en esa labor de recuperación del patrimonio musical español y europeo, algunos teatros siguen anclados en épocas pasadas y solo piensan en llenar sus arcas sin importarles el valor del conocimiento, del descubrimiento de joyas musicales. Quieren rapidez y que todo se olvide pronto, y además puedan presumir de llenar sus salas, aunque haya sido con producciones de segunda categoría o de tercera, sin invertir tiempo y presupuesto en obras triunfantes por Europa y despreciando el nivel cultural del público al que sirven.
Sí, vivimos buenos tiempos para la lírica. También se apuntan a esta tendencia los Festivales de música como Granada o Santander, ambos celebrando su 75 aniversario. En Santander, su festival veraniego ha programado una moderna producción de La Flauta Mágica mozartiana (ya están llenas las dos funciones previstas) proveniente de la Semana Mozart de Salzburgo, en una clara apuesta por un gran título con una producción moderna de prestigio. Y parece que la experiencia se repetirá en próximas ediciones.
Es frustrante que, en Santander, fuera del festival veraniego, no podamos disfrutar en el Palacio de Festivales de la presencia de grandes orquestas y de exitosas producciones escénicas de títulos emblemáticos como ‘La pícara molinera’, ‘Black el payaso’, ‘Las golondrinas’, ‘Jugar con fuego’, ‘Giulio Cesare’, ‘Peter Grimes’, ‘Il viaggio a Reims’, ‘Fidelio’ o ‘Falstaff’, solo por poner algunos ejemplos, que triunfan en los escenarios españoles y europeos.
Ante las nuevas tendencias hay que espabilarse y ponerse las pilas, o algunos quedarán descolgados y perderán el prestigio, perderán al público (la primera vez les puedes engañar, en la segunda vez se mosquean, salen corriendo y no vuelven) y perderán el éxito que ya tienen otros grandes escenarios.