María Dueñas y la Orquesta Real de Suecia emocionan en su debut en el FIS
FICHA TÉCNICA:
-Festival Internacional de Santander. Orquesta Real de Suecia. María Dueñas, violín. Programa: Wolfgang A. Mozart: Obertura de ‘La flauta mágica’, K620. Max Bruch: Concierto para violín n° 1, op. 26. Wilhelm Stenhammar: Serenata, op.31. Richard Wagner: Obertura de ‘Tannhäuser’. Director: Alan Gilbert. Palacio de Festivales, Sala Argenta, jueves, día 20 de agosto de 2026.
Entre las citas importantes de la actual edición del Festival Internacional de Santander (FIS), figuraba el debut de la Orquesta Real de Suecia con el director Alan Gilbert al frente, y de la joven violinista granadina María Dueñas. El programa parecía concebido como detalle al FIS, iniciado con Mozart y terminado con Wagner, igual que la actual programación del 75 aniversario.
Se inició el concierto con la obertura de ‘La flauta mágica’ que sonó con buen estilo y todos los detalles mozartianos a la vista, aunque tal vez hubiera demasiada orquesta para una obra que requiere un sonido menos ampuloso. Aun así, fue buena presentación para el resto del programa.
Había expectación por escuchar a la violinista María Dueñas con el Concierto para violín n° 1 de Bruch, una obra que le ha dado muchas satisfacciones. Estamos ante una intérprete de virtuosa técnica, que a sus 24 años es capaz de conseguir sonidos especialmente bellos con su violín Stradivarius de 1718. Su elegancia en la forma de tocar, incluso su presencia escénica, y seguridad en su interpretación se dejaba ver desde el inicio, el Vorspiel, con unas entradas en pianísimo llenas de lirismo.
Su sonido cantabile se mantuvo con los cambios de ritmos, las escalas y las frases largas bien acompasadas con la orquesta, como en el paso al Adagio que estuvo muy pendiente del director, lo que le restaba algo de espontaneidad. Consigue sonidos de especial intensidad y belleza con la posición del arco, hasta llegar al paso del Finale dejando casi morir las últimas notas. El Allegro enérgico lleva un ritmo frenético y exige a la solista una técnica muy segura, lo que en María Dueñas es una de sus virtudes.
La coda final estuvo llena de escalas y aceleraciones que sonaron en perfecta afinación, así como el presto final, de gran brillantez, lo que originó grandes ovaciones del público. Alan Gilbert acompañó a la solista con la orquesta en buena concertación controlando los volúmenes bien ajustados.
Saludos
Estamos ante una intérprete de gran seguridad técnica que le permite afrontar las obras dándoles un ligero toque personal con tiempos ajustados al sonido que desea traslucir. El éxito cosechado le llevó a salir siete veces a saludar al escenario y le dio la oportunidad de regalarnos dos propinas fuera de programa: el ‘Valse triste’ de Vecsey, y ‘Applemania’ de Aleksey Igudesman.
La Orquesta Real de Suecia posee un sonido compacto y brillante. Se pudieron lucir con la ‘Serenata op. 31’ del compositor sueco Wilhelm Stenhammar, En sus cinco movimientos, la orquesta sueca desplegó su adaptación estilística desde el Allegro espresivo inicial, de sonidos solemnes combinado con la elegancia clásica nórdica.
Alan Gilbert, de gesto poco ortodoxo, pero de claridad suficiente, llevó a la orquesta en esta obra con una ensayada concertación tanto en el Andantino como el Scherzo, hasta el Notturno donde la orquesta parece que respira tras los ritmos frenéticos anteriores. El finale, en formato de marcha, sonó con claridad y equilibrio con un estupendo concertino como primer violinista. Es una obra interesante de escuchar por una agrupación que la domina de principio a fin.
Y para terminar el programa, la obertura del Tannhäuser wagneriano, con toda la plantilla orquestal dando muestras de su especialidad en el repertorio lírico germánico. Gilbert reguló los volúmenes con precisión, aunque sus gestos de la mano izquierda no tengan la elegancia de un Daniel Harding o un Riccardo Chailly. Sonó emotivo, con los necesarios contrastes que describen a los peregrinos en su marcha, hasta el clímax orquestal final que lleva la emoción a un pasaje de los más hermosos escritos por Wagner.
Al final, un sonado y emotivo éxito para una orquesta de especial sonoridad y para una violinista que confirmó porqué es una de las solistas más deseadas en el actual panorama musical europeo.