‘Malquerida’, un anodino final de temporada
El Palacio de Festivales acogió la adaptación de la obra de Jacinto Benavente de Juan carlos Rubio y Natalia Menéndez
FICHA TÉCNICA:
-Teatro: ‘Malquerida’, adaptación de la obra original ‘La Malquerida’, de Jacinto Benavente. Adaptación: Juan Carlos Rubio y Natalia Menéndez. Reparto: Aitana Sánchez-Gijón, Juan Carlos Vellido, Lucía Juárez, Goizalde Núñez, José Luis Alcobendas, Daniel Pérez Prada, Álex Mola y Antonio Hernández Fimia. Escenografía: Alfonso Barajas. Vestuario: Rafa Garrigós. Dirección: Natalia Menéndez. Palacio de Festivales de Cantabria, Sala Pereda, viernes 12 de junio de 2026.
Se ha llegado al final de la temporada de invierno/primavera del Palacio de Festivales con un balance artístico demasiado pobre y tendencia preocupante. Desde el despido, sin ninguna explicación, del último director artístico, la programación palaciega es víctima de falta de criterio y del nivel escénico que se espera de un teatro/auditorio público. La sensación general es que se programa al “tun tun”, pillando compañías y grupos que van de gira, sin un análisis previo de calidad y sin un filtro que seleccione lo interesante de lo mediocre.
Mucha cantidad programada, pero pocas cosas se pueden destacar de estos últimos seis meses. Por citar algunas, Jordi Savall con Les Concert des Nations, Le Ballet de l’Opéra National du Capitole de Toulouse, la versión de la obra de Arthur Miller ‘Panorama desde el puente’, o la de Blasco Ibáñez ‘La barraca’, es un bagaje muy pobre entre tanta actividad.
Se sigue sin contar con la Joven Orquesta Sinfónica de Cantabria (Joscan), de alto nivel académico y dependiente de la Consejería de Educación, ni tampoco se hacen proyectos de colaboración con las orquestas sinfónicas de otras regiones, que ayudarían mucho a crear un ciclo sinfónico de calidad.
Pero lo más preocupante es la efímera programación lírica, con una infame producción de Norma y una casposa versión de ‘La Revoltosa’, todo aderezado con repartos nada adecuados y de un nivel artístico muy por debajo de lo que el público de Santander demanda. Y para olvidar, esa llamada “gala lírica” con un Plácido Domingo caótico que deja una imagen muy triste en su historial.
Se cierra la temporada con otra compañía en gira, la adaptación de la obra de Jacinto Benavente ‘La Malquerida’, por parte de Juan Carlos Rubio y Natalia Menéndez que, por lo menos, respeta el texto original, aunque lo reduce, incluyendo el título original, para hacerlo más acorde con los tiempos actuales. Estas adaptaciones siempre son un problema porque “tocar” obras cumbres de la literatura tiene el riesgo de hacer verdaderos pastiches sin sentido, como en alguna ocasión hemos podido ver.
Jacinto Benavente dividió su obra en tres actos diferenciados, reflejando un auténtico drama rural que se convierte en una verdadera tragedia, con el reflejo de las costumbres castellanas, sus envidias y sus celos. La versión escénica que propone Natalia Menéndez falla en su núcleo dramático. La dirección de actores es fría y poco convincente. Hay escenas planas e incluso mal resueltas, como el giro argumental final tan dramático, que en vez de sorpresa y tensión, genera risas entre el público.
La escenografía de Alfonso Barajas es pobre, con un decorado único, bastante feo, para todas las escenas y así poder usarlo en cualquier escenario de la gira que están haciendo. El vestuario y la iluminación, sin especial relevancia.
Del reparto se puede salvar una Aitana Sánchez-Gijón (Raimunda) que por lo menos está contenida en los momentos más tensos, evitando la exageración escénica. Apreciables las aportaciones de Goizalde Núñez (estupenda como la criada Juliana) y de Dani Pérez Prada (creíble El rubio). Solo correctos Juan Carlos Vellido (Esteban) y José Luis Alcobendas (Eusebio). Los personajes jóvenes, poco convincentes.
Y poco más. No por programar muchas cosas se tiene más relevancia. Es fácil acostumbrar al público a la mediocridad. Lo difícil, y exigible, es alcanzar un nivel medio-alto para una institución cultural pública como es el Palacio de Festivales de Cantabria y que, hoy por hoy, está lejos de conseguir.
Ojalá cambien las tornas y los aficionados podamos disfrutar de algunas de las propuestas escénicas y musicales que triunfan por los escenarios europeos, y de una deseable colaboración entre teatros para nuevas producciones que hoy no existe.
Mientras tanto, seguirá siendo un escenario de espectáculos foráneos que pasa inadvertido entre sus colegas.