lunes. 22.07.2024
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CRÍTICA

El lirismo romántico de Mahler que tanto emociona

En Santander son numerosas las ocasiones en que se disfrutó de sus sinfonías, principalmente en los programas del Festival Internacional de Santander (FIS)

Concierto de obras de Mahler.
Concierto de obras de Mahler.
El lirismo romántico de Mahler que tanto emociona

En una ocasión, Gustav Mahler manifestó que su música no sería apreciada hasta 50 años después de su muerte. Y no le faltaba razón, en su tiempo se le valoró más como director de orquesta que como compositor, hoy día es considerado como uno de los más grandes sinfonistas que ha dado la historia de la música.

Gustav había nacido en julio de 1860 en la región de Bohemia de Austria-Hungría, hoy República Checa. Se crío en el seno de una familia judía de lengua alemana, eran 13 hermanos, pero sólo seis llegaron a ser adultos.

Con cuatro años empezó a tocar un viejo piano de sus abuelos y pronto destacó como un virtuoso. Estudió música en el Conservatorio de Viena y Filosofía en la misma ciudad. En vida, tuvo más éxito como director que como compositor.

Logró triunfar como director en la Europa central donde el antisemitismo era casi norma. Se tuvo que convertir al catolicismo para acceder al puesto de director de la Ópera de Viena en 1897, el puesto que más ansiaba ocupar.

Su música es apreciada por su riqueza emocional y su innovación en la forma y lenguaje musical. Sus 10 sinfonías (la última inacabada), guardan una profunda melancolía y reflejan su pasión por la naturaleza y las melodías populares.

El compositor y director.
El compositor y director Gustav Mahler.

Estaba profundamente enamorado de Alma Marie Schindler con quien se casaría en febrero de 1902. Su esposa, Alma Mahler, tuvo una gran influencia en su creación musical. La muerte de una de sus hijas le produjo una enorme pena y angustia que se ve reflejada en sus tres últimas obras, la canción sinfonía ‘Das Lied von der Este’ (1908), la Novena Sinfonía y la Décima, está inacabada.

Mahler murió en Viena el 18 de mayo de 1911, enterrado según su voluntad en el cementerio vienés de Grinzing. Dejó escrito: “detrás de mí se resquebrajan las ramas de una existencia desperdiciada y estéril”.

Sus obras son interpretadas con frecuencia en Festivales de Música y celebraciones punteras. En Santander son numerosas las ocasiones en que se ha podido disfrutar de sus sinfonías, principalmente en los programas del Festival Internacional de Santander (FIS), la última vez en la pasada edición con la Orquesta de Castilla y León con Juanjo Mena dirigiendo la Sinfonía n° 1, Titán.

Asturias

Ahora, ha sido el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo quien ha celebrado su 25 aniversario montando en dos días diferentes su Segunda y Tercera sinfonías. Para conseguirlo se han juntado las dos orquestas oficiales de Asturias, la Sinfónica del Principado de Asturias y la Oviedo Filarmonía, muy reconocidas en Santander en sus frecuentes visitas.

Si la versión ofrecida de la Segunda sinfonía fue un gran éxito con la dirección de Nuno Coelho, la Tercera sinfonía ofrecida este pasado viernes ha alcanzado el mismo nivel de emoción de la mano direccional de Lucas Macías. Una magna obra dividida en sus seis movimientos donde la pasión de Mahler por la naturaleza tiene un constante reflejo.

Para esta tercera sinfonía acompañaron a las dos orquestas el coro femenino Aurum y el coro infantil El León de Oro, que dejaron patente su preparación estilística para el repertorio mahleriano. Junto a ellos, la hermosa voz de la mezzosoprano Sarah Connolly, estupenda en fraseo, voz oscura y hermosa musicalidad en el texto de Friedrich Nietzsche ‘Así habla Zarathustra’.

Si la interpretación de toda esta sinfonía, de cien minutos de duración, fue luminosa y llena de sentimientos, fue en el sexto movimiento “lento, sereno, sentido” donde la dirección de Lucas Macías, que dirigió toda la obra sin partitura, llegó a su máximo esplendor, con un maravilloso sonido orquestal, sobre todo de las cuerdas y trompas para ese adagio lleno de lirismo romántico que tanto emociona.

Cuando se consigue el alto nivel de exigencia musical de las sinfonías mahlerianas, la emoción se apodera del público que siempre de pregunta cuándo podrá volver a soñar.