sábado. 25.05.2024
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CRÍTICA

Gran éxito de Pablo González en Santander dirigiendo a la Dresdner Philharmonie

El Palacio de Festivales de Cantabria acogió el último concierto sinfónico de la actual temporada de invierno

Filarmónica
Orquesta Dresdner Philharmonie.
Gran éxito de Pablo González en Santander dirigiendo a la Dresdner Philharmonie

FICHA:

-Dresdner Philharmonie. Solista: Francesco Piemontesi, piano. Director: Pablo González

-Programa: Ludwig v. Beethoven: Concierto para piano n° 3, op. 37. Richard Strauss: Una vida de héroe, op. 40.

-Espacio: Palacio de Festivales, Sala Argenta. Viernes 26 de enero 2024.

-Calificación (sobre 5): ****

El último concierto sinfónico de la actual temporada de invierno del Palacio de Festivales de Cantabria ha sido, con diferencia, el más interesante y el que mayor éxito ha cosechado en conjunto. Haber conseguido que una orquesta del nivel de la Desdner Philharmonie con un director de la categoría de Pablo González visiten Santander es una oportunidad que había que aprovechar.

La Filarmónica de Dresde tiene el alto nivel típico de las orquestas alemanas que, aunque sin llegar a la categoría de su “hermana” la Staatskapelle Dresden, posee una fuerza sonora que la distingue en plenitud. A ello hay que sumarle la suerte de ser dirigidos por Pablo González, una de las batutas más destacadas del panorama sinfónico europeo.

El director asturiano (Oviedo, 1975) posee tal nivel de conocimiento de las obras que le permite dirigir con sobriedad y elegancia, lo que se traduce en versiones llenas de matices, contrastes y dinámicas de un sonido arrebatador. Da gusto verle dirigir sin aspavientos, con una serenidad de gesto conciso y directo. El movimiento de su mano izquierda acompaña el sonido de las cuerdas mientras su mano derecha marca con la batuta de forma clara y precisa las entradas del viento metal y la fuerza de la cuerda más grave.

Estas cualidades ya se demostraron en el Concierto para piano n° 3 de Beethoven, con el gran pianista suizo Francesco Piemontesi (Locarno, Suiza, 1983) que brindó una espléndida versión con momentos especialmente líricos y sonidos de contrastes de gran belleza y limpieza, en especial el inicio del segundo movimiento, 'Largo', con pianísimos que cortaban el aire.

El agitado final, 'Rondo, Allegro', fue de perfecta ejecución con un inteligente uso del pedal y en plena coordinación con la orquesta que en ningún momento tapaba al solista, consiguiendo un sonido compacto y de adecuado estilo.

Ya en la segunda parte, se ofreció el poema sinfónico 'Una vida de héroe', (Ein Heldenleben), de Richard Strauss, estrenada y dirigida por el propio autor en Munich en 1899, que Pablo González se encargó de describir micrófono en mano antes de su ejecución.

Requiere de una gran masa orquestal, en este caso cerca de 90 músicos incluyendo dos arpas y ocho contrabajos, y una solidez técnica por parte de toda la orquesta y del director. Especial relevancia tiene el papel del violín concertino como solista en los momentos más líricos y románticos, que interpretó el concertino Wolfgang Hentrich, con una seguridad y técnica de especial relevancia.

Se nota que Pablo González ama la música de Strauss y en concreto esta 'Vida de héroe', cuando nos dice que es “una de las más apasionantes aventuras musicales jamás escritas”. Los poemas sinfónicos son toda una prueba de fuego para las orquestas pero el asturiano conoce la obra al dedillo y sabe sacar con decisión y precisión todo el jugo de su música. Las seis partes en que se divide fueron marcadas de forma plausible y diferenciada.

Desde la grandiosa épica del inicio (El héroe) hasta la solemnidad del episodio final (La retirada del héroe y su consumación) con ese maravilloso final coronado con un diminuendo orquestal que el público respetó sin aplaudir con unos segundos de silencio hasta que el director bajó los brazos de forma pausada.

En medio de la obra, la sarcástica acidez de 'Los adversarios del héroe', con la sección de maderas en plenitud, y la belleza de La compañera del héroe, para el lucimiento del concertino con unos solos de violín de los más comprometidos del repertorio.

Pablo González demostró un dominio absoluto de la obra straussiana con una dirección clara, diáfana, matizada y atenta con un magnetismo total sobre la formación germana, y un resultado de este Strauss brillante y épico con un toque de serena melancolía.

El público respondió entusiasmado a la interpretación del maestro asturiano junto a la orquesta alemana con encendidos aplausos plenamente justificados. Para redondear la noche, nos ofreció de propina una de las páginas orquestales más brillantes del repertorio lírico español, el intermedio de 'La boda de Luis Alonso', de Gerónimo Giménez, un gesto de Pablo González hacia nuestro el género lírico que hay que agradecer, con un resultado sonoro apabullante y lleno de matices. La respuesta del público fue en consonancia.