domingo. 11.01.2026
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CRÍTICA

Camino a la Meca, en la senectud

El Palacio de Festivales acogió la obra de teatro con Lola Herrera, Natalia Dicenta, Carlos Olalla como intérpretes

Un momento de la representación de 'Camino a la Meca'.
Un momento de la representación de 'Camino a la Meca'.
Camino a la Meca, en la senectud

FICHA TÉCNICA:

-Teatro: 'Camino a la Meca', de Athol Fugard. Versión y dirección: Claudio Tolcachir. Intérpretes: Lola Herrera, Natalia Dicenta, Carlos Olalla. Escenografía: Alessio Meloni. Vestuario: Pablo Menor. Palacio de Festivales de Cantabria, Sala Pereda. Viernes, día 9 de enero de 2026.

Una nueva propuesta teatral en la actual programación de invierno del Palacio de Festivales nos acerca al autor surafricano Athol Fugard y su obra ‘Camino a la Meca’, donde se nos presenta la historia real de la escultora Helen Martins, ya de avanzada edad, tachada de loca por intentar escapar de las estrictas normas sociales de los años 70 en Ciudad del Cabo y con el apartheid en pleno apogeo. La obra nos narra la amistad intergeneracional que surgió entre Helen y Elsa Barrow, profesora de inglés que inspiró a la escultora a marcar su propio destino.

Entre ambas, surge la presencia del Pastor Marius quien, como religioso, representa el orden, en un personaje muy cerrado en sus planteamientos ideológicos. Es la imagen de la autoridad, de controlador de todo, que trata de llevar a Helen a su terreno y alejarla de su libertad creadora.

La versión que se nos presenta es de Claudio Tolcachir, adaptada a las especiales circunstancias de una actriz de la talla de Lola Herrera. Pero es una versión lenta en su planteamiento, anodina, con una primera parte donde se nos presenta a las dos protagonistas de forma parsimoniosa, sin el lucimiento de un texto que refleja las angustias y dudas existenciales de ambas. Cierto interés se recupera con la presencia del personaje de Marius que será quien saque a relucir las verdaderas intenciones de los tres.

Contar con la presencia de Lola Herrera en el reparto es garantía de éxito de público, con llenos absolutos en las dos funciones previstas. A sus 90 años sigue dando lecciones de su inmenso talento, de su magnética presencia escénica, de esa voz inconfundible (¡ya podrían aprender a vocalizar como ella lo hace las nuevas generaciones de actores y actrices que no se les entiende nada!). Con tan solo dos escenas en que llora desesperada ante la presión que someten a su personaje, es capaz de ponernos en máxima tensión. Vieja escuela, escuela dramática.

A su lado, Natalia Dicenta cumple lo suficiente con el personaje de Elsa Barrow, madre e hija vuelven a trabajar juntas con buena química. Carlos Olalla da solidez al personaje del Pastor Marius. Escenografía única de Alessio Meloni donde se nos muestra el salón de la casa de campo de Helen.

Pero seamos sinceros. Esta versión sale adelante por la presencia de Lola Herrera, sin ella la atención sería otra mucho menos atrayente. Y siempre surge esa cuestión de hasta qué punto una actriz de su talla le merece la pena, a su edad, enfrentarse a nuevos retos y nuevas giras agotadoras como si tuviera algo que demostrar. El público le muestra un respeto y admiración absolutos (se tuvo que abrir dos veces el telón en los saludos finales por las ovaciones que le dedicaron). A pesar de ello, la duda sigue ahí.

Y no es el único caso, son varios nombres ilustres que parecen no saber decir “hasta aquí llegué”. El gran Héctor Alterio, al que también pudimos ver en Santander hace unos meses y fallecido en diciembre a sus 96 años, José Sacristán a sus 88 años, o el mismo Plácido Domingo que estos días ha estado en Oviedo dando un concierto a punto de cumplir 85 años, son algunos ejemplos de una longevidad escénica que solo se entiende por sus brillantes historiales, aunque ya sean poco justificables.

Las nuevas generaciones de actores y actrices tienen mucho que aprender de esos nombres ilustres que forman esa bendita vieja escuela dramática que parece no tener relevo. A lo mejor por eso no se retiran.