Hooligans

Viñeta diseñada por Antonio Vilela.

Se dice que lo mejor que puede pasar a un árbitro es que pase inadvertido, por ello cuando se habla mucho de ellos, malo, malo; algo no funciona bien, algo está pasando. Últimamente sobre todo con las manos en las áreas. 

Antes se hablaba de mano voluntaria o involuntaria, aunque se puede discutir el criterio de estas manos, pero todo el mundo conocía la norma. Ahora, que si la mano ocupa una posición antinatural, un espacio mayor e inadecuado, ya incluso se llega a hablar que hay jugadores que tiran descaradamente a pegar en la mano del contrario. Vamos, que la norma, en lugar de pacificar, ha complicado más todavía a la hora de sancionar la infracción.

Algo que venía a pacificar y dar mayor seguridad en el arbitraje, una segunda instancia que supervisa que se ha tomado la decisión correcta, está siendo muy cuestionada. Hoy el gol se celebra en un interruptus, primero cuando se logra y segundo cuando el VAR lo da por válido.

¿Son los árbitros peores que antes?, pues parece que no, ya que son los mismos, por ello igual tenemos que mirar que alguien no está legislando adecuadamente y complicando la vida a todos, actores y aficionados. 

No estaría mal que se usase el principio del Derecho Penal de “In dubio pro reo”,  esto es,  en caso de duda a favor de reo, (o jugador), un principio jurídico del Derecho Penal que expresa que si el juzgador tiene dudas sobre la culpabilidad del acusado, tras valorar las pruebas, este debe ser considerado inocente, en definitiva que menos sancionar, menos mirar con lupa y más discrecionalidad y racionalidad.

También es verdad, qué sería del fútbol sin una buena polémica, donde cada uno pueda mirar la jugada con el cristal de su equipo, ya se sabe que el árbitro  siempre favorece al contrario y si es un grande mucho más.

Algo parecido puede pasar con nuestra justicia, los jueces después de más de 40 años de la aprobación de nuestra Constitución, algunos han descubierto que son unos peligrosos fachas, de todo habrá en la viña… al igual que hay en la sociedad.

Es cierto, que en la transición había mucha reticencia sobre el poder judicial, ya que los miembros del mismo, venían de ser nombrados en una dictadura, siempre se ha dicho que por la justicia no había pasado el filtro de la transición. 

Hay que reconocerlo, los jueces son humanos, con fobias y filias, con gustos y creencias, con sus simpatías y antipatías e incluso con sus intereses profesionales y personales, hay tantas situaciones que influyen nuestras decisiones, la realidad, ese prisma que no pocas veces tiene sus aristas; por ello, el tener una buena formación y sentido de la justicia, libertad para aplicarla, sin grandes presiones exteriores, sin duda, ayudará a tomar las decisiones más correctas.

Últimamente, quienes tienen la tarea de impartir justicia, están mucho más en entredicho, por la aplicación de leyes, que como el caso del fútbol, el cambio del reglamento parece que les ha complicado su la aplicación, aquello que aprendimos de nuestra Constitución, que en su artículo 9.3 “garantiza el principio de irretroactividad de las disposiciones sancionadoras no favorables o restrictivas de derechos individuales”.  Así, el artículo 2 del código penal dispone:

“1. No será castigado ningún delito ni falta con pena que no se halle prevista por Ley anterior a su perpetración. Carecerán, igualmente, de efecto retroactivo las leyes que establezcan medidas de seguridad”.

“2. No obstante, tendrán efecto retroactivo aquellas leyes penales que favorezcan al reo, aunque al entrar en vigor hubiera recaído sentencia firme y el sujeto estuviese cumpliendo condena.”

Los árbitros o los jueces pueden ser buenos, malos o mediopensionistas, pero si la norma es clara y diáfana, que no haya que hacer un doctorado para su interpretación, les facilitará la vida a ellos y, en consecuencia, nos dará seguridad jurídica a todos. El legislador tiene una responsabilidad importante, que ha quedado de manifiesto en unas últimas normas donde su redacción ha dejado mucho que desear.

En el fútbol, la salsa de la polémica tiene su aquel; ahora bien,  los errores por parte de jueces y legisladores embarran la vida política y social. Ya se sabe, los que se dedican a este noble arte, les gusta tanto una discusión, una pelea, tensionar la sociedad inútilmente, que bastante tenemos con luchas contra los jinetes del apocalipsis, la inflación, la precariedad, el paro y la situación sanitaria.

Ver las guerras por controlar el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y el Tribunal Constitucional (TC), nos dicen que son muchos los que quieren ser árbitros, jueces, parte y legislador, que, lamentablemente, los jueces han estudiado las mismas leyes, pero las aplican en muchas ocasiones según quienes les han presupuesto para los puestos que ocupan.

No lo dudes, te dirán estás con ellos o contra ellos y es que son más forofos que  los aficionados más radicales del fútbol, son los hooligans de la política.