El FIS, el que más crece y el que menos presupuesto tiene

Actuación de danza en el FIS.

Todo tiene su explicación. Se van publicando los datos finales de los tres grandes festivales de música veraniegos, el Festival de Música y Danza de Granada, la Quincena Musical Donostiarra y el FIS. 

Son las tres grandes citas que se celebran en nuestro país dedicados a la música clásica, la danza y la lírica, y cada uno con presupuestos distintos.

Haciendo un somero trabajo de análisis de datos, te encuentras resultados reveladores. El que mayor presupuesto tiene es el Festival de Granada superando los cuatro millones de euros, le sigue la Quincena donostiarra en torno a 2,6 millones y el Festival de Santander rondando los 2,4 millones, siendo un presupuesto especial por el 75 aniversario, o sea, que no es el habitual.

Y aquí viene la sorpresa, el FIS ha llegado a los 40.000 espectadores en 52 espectáculos en treinta días, subiendo un 25 por ciento con respecto al pasado año, que ya había subido. El Festival de Granada llegó a reunir a casi 60.000 espectadores, según datos facilitados, con una subida en torno al 12 por ciento, pero cuidado, están incluyendo muchísimas actividades educativas, extraordinarias que son gratuitas. La Quincena donostiarra se ha quedado en 30.600 espectadores con un descenso con relación al año pasado en torno al menos seis por ciento.

Para darnos cuenta de la subida exponencial que ha tenido el FIS, se certifican más de 30.000 espectadores de pago en los 19 conciertos del Palacio de Festivales (14 llenos totales y cinco con el 90 por ciento ocupado, lleno técnico) y más de 6.000 en los Marcos Históricos. A esto hay que sumar los conciertos en el Centro Botín también con llenos totales, y la proyección del documental ‘75 agostos’ en la Plaza Porticada, que estuvo llena de gente.

Resumiendo, de forma general, el FIS sería el más eficiente de los tres, al conseguir una mayor subida porcentual de público con menos presupuesto. ¿Cómo se ha conseguido? Desde la llegada de Cosme Marina a la dirección del festival, se ha cambiado el sistema de venta de abonos y localidades y se ha hecho un trabajo de prensa, publicidad y marketing mucho más efectivo. Pero todo esto no habría ocurrido sin una programación que también ha cambiado en cuanto a criterios y objetivos musicales.

Se está intentando que nuevos públicos se acerquen a alguno de los eventos programados (el caso de Rodrigo Cuevas es el más llamativo, a pesar de que repetía presencia), buscando huecos en la programación para otras formas de espectáculos distintos a los habituales, incluyendo al teatro que deberá volver, pero siempre con los mayores estándares de calidad. Y cuidando al público de siempre con propuestas sinfónicas, de danza y lírica del máximo nivel, que siguen siendo el principal sustento artístico.

Cosme Marina ha manifestado: “queríamos que esta 75 edición fuese una fiesta, y creo que lo ha sido, con hitos muy importantes como la apertura con ‘La flauta mágica’ y el gran cierre con la Orquesta del Festival de Bayreuth”.

Dicen que la lírica ha llegado para quedarse, y parece ser que el próximo año volverá la ópera. Esto requiere un importante trabajo de gestión y, sobre todo, de negociar presupuestos, públicos y privados.

Además de las dos funciones de ‘La flauta mágica’ y del histórico concierto de la Orquesta del Festival de Bayreuth, se pueden destacar de esta 75 edición el concierto de la Mahler Chamber Orchestra con Daniel Harding dirigiendo y Daniil Trifonov al piano, la presencia de Grigory Sokolov, la Orquesta Real de Suecia con María Dueñas al violín o la maestría de Sir Eliot Gardiner al frente de su nueva agrupación The Constellation Coir & Orchestra. Entre las decepciones, la dirección de Riccardo Chailly al frente de la Filarmonica della Scala o una irregular Gala lírica con Piotr Beczala y Kathryn Lewek con la Sinfónica de Bilbao.

Tal vez el apartado de Danza necesite un refuerzo en cuanto a novedades a pesar del éxito y del tirón que ha tenido entre el público. La propuesta de Blanca Li con su Dido y Eneas, así como el ‘Carnaval Barroco’ de Le Poème Harmonique, han sido parte del éxito cosechado, sin olvidar a la Compañía Nacional de Danza con ‘NumEros’ y a María Pagés con ‘El paraíso de los negros’. Queda pendiente el capítulo dedicado a un título de ballet clásico con orquesta en directo, aunque sabemos que se está negociando para próximas ediciones.

Los Marcos Históricos son otro puntal en el éxito del certamen. Ha habido propuestas de música de cámara y barroca con total respuesta del público de los 19 municipios donde han llegado. Pero se observa cierta repetición en algunos conjuntos, echando en falta a otros ensambles que están triunfando por el resto de Europa.

Los resultados artísticos y económicos están ahí, a falta de concretar las últimas partidas. En general, el éxito de esta 75 edición ha sido notorio y la capacidad para atraer público de fuera de Cantabria ya supera el 40% de las entradas vendidas, lo cual debe hacer reflexionar a las distintas administraciones de que el FIS se ha convertido en un auténtico factor atrayente del turismo cultural, de empleo y, en consecuencia, en un motor económico para la región.

A los políticos se les pide que no sean cicateros ni remolones a la hora de apostar en serio por un Festival que funciona (el próximo año es año electoral), porque redundará en beneficio de toda la sociedad de Cantabria.