María Pagés derriba las cadenas de la negritud para llegar a la libertad
El Palacio de Festivaldes de Cantabria acogió el espectáculo de danza 'El paraiso de los negros'
FICHA TÉCNICA:
-Festival Internacional de Santander. ‘El paraíso de los negros’. Coreografía, dirección musical y vestuario: María Pagés. Dramaturgia: El Arbi El Harti. Baile: María Pagés. Cante: Ana Ramón, Cristina Pedrosa. Músicos: Rubén Levaniegos, guitarra; Alicia Avilés, violín; Graci del Saz, violonchelo; Txema Uriarte, percusión; Dirección: María Pagés y El Arbi El Harti. Palacio de Festivales de Cantabria, Sala Argenta. Viernes, día 14 de agosto de 2026.
Comenzar el ciclo de danza de la actual edición del Festival Internacional de Santander con una artista de la talla de María Pagés, es apuntar alto en cuanto a un nivel artístico y dramático de altos vuelos.
Da igual que una bailaora y coreógrafa como la Pagés nos haya visitado en Santander por lo menos en ocho ocasiones, tres de ellas en el FIS. En esta ocasión ha sido con ‘El paraíso de los negros’, una producción que data de 2020, anterior a la pandemia, y que hoy día tiene plena vigencia.
‘El paraíso de los negros’ se puede llegar a definir como una de las obras más conceptuales de María Pagés. Reflexiona sobre temas como la libertad, la discriminación o la búsqueda de la felicidad. Para intentar llegar a esos sentimientos, toma como base los textos de García Lorca en ‘Poeta en Nueva York’, el pensamiento sobre la negritud de Léopold Sédar, o los pensamientos sobre el deseo y la dignidad de Nina Simone. Con estos principios construye una obra coreográfica con la siempre ayuda dramática de El Arbi El Harti.
La obra es oscura, tenebrosa, de fondos negros y luz tenue. No usa el color, sobre todo en los inicios, quiere reflejar esa búsqueda de la felicidad que no es capaz de alcanzar. Las cadenas de nuestros propios prejuicios no nos permiten avanzar. El simbolismo de las cadenas colgadas en el proscenio del escenario son fiel reflejo de esa lucha interior que solo al final parece romperse.
Fronteras
Pagés inicia el baile en soledad, sin música, es su lucha por romper las fronteras de nuestra libertad, nuestra relación con los demás, nuestra identidad. En esa búsqueda constante de libertad aparece la figura de el ‘Otro’, como una extensión de nuestro propio deseo. Cuando la música suena, juega un papel fundamental (espléndidos Rubén Levaniegos, a la guitarra; Alicia Avilés al violonchelo, Graci del Saz al violín, y la percusión de Txema Uriarte), conformando cuadros escénicos de tensión y poesía.
La dramaturgia creada por El Arbi El Harti es parte fundamental de la obra, con una estructura que se acerca más a una obra teatral que a un recital flamenco. Son 10 las escenas que conforman la obra, cada una de ellas evoluciona sobre la anterior.
Desde ‘Las tribulaciones de María’, con su lucha interior, pasando por El desasosiego, o la belleza y el drama de ‘El Norte ya no es posible’ con textos de Edward Said, donde directamente se enfrenta al tema de las fronteras, nos va narrando esa ansia por encontrar la felicidad con el reflejo de el ‘Otro’, no como un enemigo, sino como objetivo al que se desea llegar.
La escenografía, pensada por ella misma, es simbólica, divide el escenario por zonas de paso, de búsqueda. La iluminación de Pau Fullana es casi gris, sólo son visibles las cadenas que atan a sus protagonistas, incluso a las dos cantaoras, estupendas Ana Ramón y Cristina Pedrosa. Y Pagés baila como nadie, recita a el ‘Padre’ casi llorando, mueve sus brazos con esa imagen etérea, hasta que llega la última escena, ‘El muro’, lo derriba y desaparecen las fronteras.
Entonces María baila descalza, su melena vuela suelta, se agita en un torbellino que hace que se rompan las cadenas y caigan sobre el escenario, en un efecto dramático subyugante. La guitarra, el violín, el violonchelo y el cante amplían los sentimientos y las emociones escénicas. El taconeo y el cuerpo de Pagés en movimiento se convierte en un instrumento musical más, que complementa el mensaje que debe llegar al espectador.
En la escena VIII, ‘Oración’, dice Nina Simone: “ojalá supiera cómo se sentiría ser libre”. Es una fría reflexión donde el más puro arte flamenco y dramático se funde con nuestras ambiciones de libertad. Y María Pagés nos enseña el camino. El público, absorto, así lo entendió y lo agradeció con sus aplausos y ovaciones a una artista sublime.