sábado. 25.05.2024
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El Roblón, el Frankestein Vegetal

Una joven fue sorprendida por un fuerte aguacero en mitad del camino, y a punto de morir, decidió guarnecerse en el hueco de un viejísimo roble 

Ilustración del Roblón, el Frankestein Vegetal.
Ilustración del Roblón, el Frankestein Vegetal.
El Roblón, el Frankestein Vegetal

En los primeros tiempos, Cantabria estuvo cubierta de bosques frondosos y enormes montañas, un mar de verde limitado por un mar de esmeralda.

La vida del hombre estaba ligada a la montaña, a los ríos, a los bosques, y por consiguiente a los árboles.

El árbol alimenta al fuego a través de su madera, proporciona luz y calor al ser humano, además otorga materia prima para muchos utensilios fabricados por él.

De los árboles es cobijo de animales, nos da frutos que nos proporciona alimento, resina que nos proporciona brea, perfumes, alquitrán e incienso, y también veneno, como el árbol ligado a nuestra cultura cántabra: el tejo.

Pero no es de él del que quiero hablar, sino de otro árbol, y os aseguro mucho más aterrador.

Una noche de tormenta, una joven fue sorprendida por un fuerte aguacero en mitad del camino, y a punto de morir, decidió guarnecerse en el hueco de un viejísimo roble que se hallaba en mitad del camino.

El roble empezó a sentir el dulce calor que desprendía la joven, sintió como la vida y la fuerza empezaba a recorrer por su vetusta savia, empezó a abrazar a la joven, y a medida que la luz interior iba apagándose a la joven, el viejo roble empezaba como su sangre se iba mezclándose con la de ella.

Ese abrazo mortal hizo que el roble mutara y se convirtiera en un ent, un árbol humano, conocido por estos lugares como el Roblón.

No contento con ello, empezó absorber los fluidos de cualquier ser vivo que le pudiese mantener en vida: animales, insectos y árboles, convirtiéndose en una extraña mutación de grandísimas dimensiones. Un Frankestein Vegetal, ya que cada parte de su cuerpo estaba compuesto por diferentes árboles: brezo, fresno, roble, haya, abedul, encina…y por supuesto, la joven.

Este ser empezó a tener el poder de desplazarse por las montañas, comenzó mostrar la oscuridad que desprendía su corazón, destrozando todo lo que encontraba a su paso. Todo el mundo le temía.

Se dice, que unos valientes leñadores cansados de que destruyera sus cabañas, sus familias y el bosque en general, le dieron caza, y consiguieron matarle, haciéndole caer a través de un torrente, así apagando sus ojos llenos de brasas.

Una vez que vieron que estaba muerto, le despedazaron, y se cuentan que esa leña calentaba más que ninguna otra.

Así que las noches tormentosas lo mejor no es resguardarse bajo ningún árbol, no solamente porque te pueda caer un rayo encima, sino para que vuelva a resurgir un nuevo Roblón.