La Gala Lírica de Plácido Domingo en Santander, un fiestón carísimo
El Palacio de Festivales de Cantabria acogió un programa con Arias de ópera de Bellini, Giordano, Puccini y Bizet y romanzas de zarzuela de Chapí, Arrieta, Serrano, Sorozábal y Léhar
FICHA TÉCNICA:
-Gala lírica: Plácido Domingo (barítono), Arturo Chacón-Cruz (tenor), Irina Lungu (soprano), Eva Marco (soprano). Programa: Arias de ópera de Bellini, Giordano, Puccini y Bizet y romanzas de zarzuela de Chapí, Arrieta, Serrano, Sorozábal y Léhar. Orquesta: Oviedo Filarmonía, dirección musical: Jordi Bernàcer. Palacio de Festivales de Cantabria, Sala Argenta, viernes, día 29 de mayo de 2026.
Cuando se asiste a una sesión musical con la fórmula de ‘Gala lírica’, hay que ser conscientes de que, por lo general, lo menos importante es el resultado artístico. Suelen estar lideradas por alguna figura rutilante como la principal atracción de la “fiesta”. En el caso de Santander era la legendaria presencia de Plácido Domingo el que sirvió de excusa para montar el sarao. Y así fue, con la Sala Argenta del Palacio de Festivales llena a rebosar y peticiones de entradas de un montón de ciudades. El éxito de la convocatoria estaba asegurada.
Otra cosa es el resultado artístico, que como ya esperábamos, fue muy flojo. Pero daba igual, la repercusión social y política (el palco de autoridades estaba más lleno que nunca) había cumplido su misión. Un programa basado en arias y dúos de óperas y zarzuela, además de un par de fragmentos de operetas de Franz Léhar, fue suficiente para contentar a un público diverso no habitual en conciertos clásicos.
Un barítono (Plácido Domingo), un tenor (Arturo Chacón-Cruz) y dos sopranos (Irina Lungu y Eva Marco) eran los solistas que conformaban el cartel. A ellos se unió la orquesta Oviedo Filarmonía con la dirección del alicantino Jordi Bernàcer. Por cierto, a la orquesta de Oviedo deberían nombrarla “orquesta residente” del Palacio de Festivales por méritos propios, mientras Cantabria no tenga una orquesta sinfónica profesional de carácter oficial.
Fue el tenor mexicano Arturo Chacón-Cruz el que demostró estar en las mejores condiciones. Tuve ocasión de escucharle en dos ocasiones en la Ópera de Oviedo, en 2012 cantando el Edgardo de ‘Lucia di Lammermoor’, y en 2018 haciendo Cavaradossi de ‘Tosca’. Sigue manteniendo un nítido timbre de tenor lírico, con buen fraseo y agudos seguros y bien proyectados, aunque debería trabajar más los matices y medias voces. Destacó en su ‘Adiós a la vida’ de ‘Tosca’ y en la romanza ‘La roca fría del Calvario’ de ‘La Dolorosa’. Estuvo seguro en su dúo con Domingo en ‘Pescadores de perlas’. Volverá a la ópera de Oviedo en diciembre con ‘Manon Lescaut’ de Puccini.
Tenía interés en escuchar a la soprano rusa Irina Lungu, una voz de lírica pura, belcantista y adaptada a la ópera francesa, pero tengo que reconocer que me ha dejado bastante frío, estuvo algo ausente, plana, como si la “fiesta” no fuera con ella. Su versión de ‘La Bohème’ distó mucho de la emoción requerida y su escena de ‘El murciélago’ de Strauss tampoco tuvo mayor lucimiento. El dúo-barcarola de 'Los cuentos de Hoffman' junto a Eva Marco, sonó mal concertado y sin emoción.
Por su parte, Eva Marco es una soprano de timbre cálido, pero carece de suficiente cuerpo vocal ni de la proyección necesaria. Su 'Gianni Schicchi' pasó inadvertido y lo intentó con la romanza de 'Las hijas del Zebedeo' de Chapí, pero se quedó lejos de la chispa y la gracia de la escena. Está apadrinada por el propio Domingo.
Y Plácido Domingo volvía a Santander por tercera vez. La primera ocasión fue hace ahora 50 años, en 1976 en un recital en la Plaza Porticada dentro de la programación del Festival Internacional de Santander, y volvió en 1996 junto a, nada menos, que Mirella Freni y Nicolai Guiaurov, en una gala benéfica también en el Festival Internacional de Santander (FIS) de aquel año, una triple reunión de estrellas imposible de repetirse hoy en día.
Hay que reconocer que Plácido Domingo mantiene esa presencia magnética que sigue atrayendo al público, aunque su admirada voz de antaño ya no exista, no se le oye en la mayoría de las escenas y sus agudos baritonales suenen tirantes y algo desafinados. A sus 85 años sigue empeñado en una actividad frenética por toda Europa, con la energía suficiente para quitarse ese “gusanillo” escénico que le mantiene vivo. No merece la pena comentar sus versiones con ‘Andrea Chenier’, con ‘Macbeth’, o los dúos con Chacón-Cruz y con Irina Lungu, donde quedaba totalmente desdibujado, o su olvidable ‘No puede ser’ de ‘La tabernera del puerto’ de Sorozábal.
La orquesta Oviedo Filarmonía dio de nuevo muestras de un sonido lírico y bien empastado, aunque en esta ocasión el director Jordi Bernàcer no supo concertar bien a la orquesta con las voces. Hubo desajustes con el exceso de sonido de los metales, tapando en ocasiones a la brillante cuerda e incluso a las voces. Dirigir de espaldas a los cantantes produjo constantes momentos de falta de coordinación.
La “fiesta” concluyó con una deslavazada versión de ‘Granada’, de Agustín Lara, entre Domingo y Chacón-Cruz, y con los cuatro solistas cantando ‘Non ti scordar di me’, de Curtis, para regocijo del respetable. Al ser una Gala, estuvieron todos elegantes en el vestir, excepto la orquesta que no usó su uniforme de conciertos con frac, sino que estuvieron en mangas de camisa negra sin chaqueta.
Muchos aplausos y todos contentos. Bueno, todos no, me ahorro algunos comentarios escuchados a la salida. Nos falta por saber cuánto ha costado este sarao (muchas decenas de miles de euros) y quién lo ha pagado. Pero, da igual, algunos ya podrán presumir de haber visto al divo, tal vez, por última vez.