El exceso carnavalesco de Le Poème Harmonique en el FIS
El Palacio de Festivales de Cantabria acogió este espectáculo donde la música y el teatro van de la mano y lo intentan plasmar siguiendo un orden musical
FICHA TÉCNICA:
-Festival Internacional de Santander. Le Poème Harmonique: 'Carnaval Barroco'. Anaïs Bertrand, contralto; Paco García tenor; Marcial Pauliat, tenor; Igor Bouin, barítono. Comediantes, mimos, acróbatas. Músicos de Le Poème Harmonique. Diseño visual y dirección escénica: Cécile Roussat. Dirección musical y dramatúrgica: Vincent Dumestre.
El carácter irreverente de los carnavales venecianos siempre ha sido motivo de admiración por la forma descarada de celebrar unas fiestas desmadradas antes de la llegada de la Cuaresma. Las celebraciones salían de los Palacios de los nobles e inundaban las calles, donde el pueblo llano se mezclaba con las altas esferas sociales formando un disfrute donde desaparecían las diferencias.
La propia ciudad se convertía en un escenario (las calles y palacios venecianos eran un decorado de lujo), y todo eso le ha valido a Vicent Dumestre y su conjunto Le Poème Harmonique para traernos al Festival Internacional de Santander una jornada carnavalera en pleno mes de agosto.
Dumestre y la directora de escena Cécile Roussat concibieron su espectáculo ‘Carnaval Barroco’ como una recreación de aquellas fiestas paganas rodeadas de música y de máscaras, pero sin argumentos ni estructura fija. Conciben el carnaval como el mundo al revés, en los que la música de distintos autores de los siglos XVI y XVII dan pie a números cómicos, a la provocación y hasta números circenses, provocando la risa y la admiración del público.
Conciben un espectáculo donde la música y el teatro van de la mano y lo intentan plasmar siguiendo un orden musical. El comienzo es un ritual de monjes en procesión bajo los sones de ‘Litania dei Santi’, de Jean de Maletti, en un contraste entre la religión y el carnaval. Pero enseguida pasará la acción al Palacio y sus grandes banquetes y bailes con las melodías de Giovanni Battista Fasolo. Todo son riquezas y excesos y las diferencias sociales empiezan a desaparecer.
La escena concebida por Cécile Roussat hace que pasemos del interior del Palacio a las calles llenas de saltimbanquis, acróbatas, mimos y actores. Suena la Chaconne de Maletti, los números acrobáticos con la rueda de Cyr y el mástil chino, se suceden sin cesar. Algunos momentos de ligera pausa para escuchar la belleza del colascione, instrumento que toca el propio Dumestre con la obra de Kapsberger, como un momento de respiro.
Las acrobacias, los mimos y las situaciones absurdas se van sucediendo a ritmo de tarantelas. Uno de los momentos más logrados es el ‘Lamento del Naso’ de Monteverdi, adaptado en esta ocasión del original ‘Lamento de la Ninfa’ (sentida y musical Anaïs Bertrand), donde el lamento amoroso es reducido a un objeto corporal ridículo. Lo grotesco es parte esencial del carnaval.
Entrarán en escena los tres Polichinelas vestidos de blanco y los actores de la commedia dell’arte con sus gestos exagerados, sus máscaras y sus engaños, donde hay mezcla de música, humor y exageración. Es el “teatro dentro del teatro” en una escena cómica y absurda muy lograda.
Narrativa
Se llega al final sin una conclusión narrativa, porque no existe un argumento definido. El carnaval termina y finalizan las fiestas, se vuelve a la rutina, a la religión, a las jerarquías, a la pobreza. Durante un tiempo se ha podido vivir en un mundo diferente.
La concepción del espectáculo es original, la orquesta barroca se sitúa en un lateral del escenario bajo una tenue luz, donde suenan en perfecta armonía la viola de gamba, la percusión, la flauta, la corneta renacentista, el contrabajo, la tiorba o el colasione, todos brillantes. Las cuatro voces solistas se adaptan a las distintas escenas, estupendos Anaïs Bertrand, contralto, los tenores Paco García y Martial Pauliat, y el barítono Igor Bouin.
Muy trabajado el diseño de vestuario, las máscaras, la escenografía y los elementos circenses, la iluminación ambiental, todo cuidado al mínimo detalle en un historicismo de relevancia. Vicent Dumestre demuestra su habilidad creativa y musical para concebir un espectáculo donde la música y el teatro se acompañan y se complementan.
Nuevos públicos acudieron al Palacio de Festivales, con la Sala Argenta llena de nuevo, atraídos por las acrobacias, los mimos, el circo y la provocación, y eso siempre es bueno. Aunque nos surge la duda de si tanta juerga carnavalesca nos distrae en exceso de las melodías de Fasolo, Maletti, Kapsberger o Monteverdi. Pero, ¿no es eso el carnaval, el exceso y el descontrol?