CRÍTICA

Los dioses se rinden ante la Orquesta del Festival de Bayreuth y Pablo Heras-Casado

Integrantes de la Orquesta del Festival de Bayreuth. Pedro Puente

FICHA TÉCNICA:

-Festival Internacional de Santander. Clausura: Orquesta del Festival de Bayreuth.El Anillo del Nibelungo’ selección: Das Rheingold, Die Walküre, Siegfried y Götterdämmerung. Catherine Foster (Brünhilde), Klaus Florian Vogt (Siegmund/Siegfried), Jonathan Brownlee (Wotan). Director: Pablo Heras-Casado. Palacio de Festivales, Sala Argenta, lunes, día 31 de agosto de 2026.  

Como una fiesta con todos los ingredientes de una gran celebración, podríamos calificar el concierto de clausura de la 75 edición del Festival Internacional de Santander. El mérito de haber conseguido tener en el Palacio de Festivales a la Orquesta del Festival de Bayreuth, es algo que quedará en el recuerdo de los melómanos, incluso de los que no se sienten wagnerianos. El incontestable éxito marca un punto de inflexión para las próximas ediciones, que ya está preparando Cosme Marina y su equipo directivo.

El Festival de Bayreuth cumplía 150 años de historia y el FIS ha cumplido 75 ediciones, motivo más que suficiente para que ambos certámenes quisieran juntarse en una noche para el recuerdo. Poder escuchar en vivo a una orquesta cuyo sonido es distinto al resto de grandes orquestas europeas, se suele hablar del ‘sonido Bayreuth’, es una experiencia musical que te lleva a otro nivel cultural y formativo. Se vinieron 95 profesores con el director granadino Pablo Heras-Casado dirigiendo, cuya trayectoria wagneriana es ya reconocida sin discusión.

El director Pablo Heras-Casado.

Como era imposible traer semejante conjunto para una sola ópera (hubiera sido un sueño), se optó por lo más razonable, una amplia selección de la tetralogía wagneriana, ‘Der Ring des Nibelungen’, todo un desafío musical, pero con el criterio del orden temporal de la leyenda de los Nibelungos, los dioses del Valhalla, la caída de los héroes y el triunfo de la naturaleza humana.

Se empezó con el final de ‘Das Rheingold’, cuando Wotan y los dioses entran en el Valhalla. La increíble entrada de las trompas y trompetas de la orquesta de Bayreuth, con un sonido tremendo, compacto, ya te marca el nivel de toda la jornada. Entonces entra el bajo-barítono Jonathan Brownlee, de voz oscura y con autoridad, dejaba claro porqué es uno de los mejores intérpretes del papel de Wotan. Un fraseo impecable reflejaba la grandeza del personaje y su afirmación de poder.

Fuerza dramática

Para Die Walküre se contaba con el 'Siegmund' del tenor Klaus Florian Vogt, que, sin ser el típico tenor heroico, posee una fuerza dramática y vocal que le hace reconocible en estos papeles. Su escena ‘Ein Schwert verhieß mir der Vater’ (Mi padre me prometió una espada) fue arrebatadora. Y llegó la gran escena de la despedida de Wotan de su amada Brünhilde, con un Jonathan Brownlee impresionante, de lo mejor de la noche. Su forma de decir, frasear y entonar ‘Leb wohl!’, sonó a castigo, a pérdida y renuncia. Las ovaciones del público en consonancia.

En ‘Siegfried’, Heras-Casado llevó a la orquesta al Murmullo del bosque, donde el paisaje sonoro se describía con las flautas, trompas y toda la sección de cuerdas con un sonido casi mágico.

Dio así entrada a la ‘Brünhilde’ de Catherine Foster, soprano spinto, que ya deja notar ciertas carencias en la zona grave, pero es tan expresiva en su canto y poseedora de tal nivel wagneriano, que te atrapa en todas sus escenas. Su Ewig war ich (Eterna fui) fue puro lirismo y de gran sentimiento.

Y llegamos al final de la leyenda con el ‘Götterdämmerung’, el ocaso de los dioses y el final del Valhalla. La orquesta nos lleva por el viaje de ‘Siegfried’ por el Rhin con los metales presagiando el final. La muerte de ‘Siegfried’ marca el clímax de toda la obra, (muy expresivo Florian Vogt), dando paso a la famosa ‘Marcha fúnebre’ con una prestación orquestal que fue, sin duda, lo más emocionante de la noche. Heras-Casado llevó a la orquesta a su máxima categoría, con momentos increíbles de emoción, con los leitmotiv recurrentes de todo el Anillo. La orquesta sonó plena de transparencia, de potencia y con absoluto control dinámico.

El final del Ocaso llega con la ‘Inmolación de Brünhilde’, donde Catherine Foster estuvo dramática, poderosa, muy artista (sus expresiones faciales eran llamativas). Trasladó dolor, sacrificio y liberación. Quedará para el recuerdo esa melodía final que Wagner escribió con enorme sentimiento. Después de tantos momentos tremendos, nos deja un final de los más hermosos que se han escrito.

El sonido de esta orquesta es de otro mundo. Oírles en directo es toda una experiencia. Heras-Casado ha sabido interiorizar de tal forma la obra de Richard Wagner, que verle dirigir es una auténtica lección. Gestos elegantes, precisos, acompañando a esa masa orquestal, con sus seis contrabajos a la izquierda y dos arpas a la derecha, violines y chelos y, sobre todo, esos metales, trompas, trompetas y percusión, que tienen un sonido que no se puede comparar con ningún otro.

Toda la emoción del final se trasladó al público que abarrotaba la Sala Argenta y, tras dos segundos de silencio, se rompió en ovaciones y aplausos absolutamente merecidos. Era de esperar que la propina fuera la ‘Cabalgata de las Valkirias’, un verdadero regalo para despedir a una orquesta y a un director que fueron un lujo en la historia del Festival de Santander.

Después de más de 14 minutos de ovaciones con el público en pie, el Valhalla se fundió en el fuego eterno, los dioses desaparecen y nosotros pudimos ser testigos de una noche memorable.