lunes. 02.03.2026
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Condenado a 12 años de prisión un hombre por agredir a un médico y a un celador en un centro de salud de Santander

El implicado deberá indemnizar con 147.600 euros al médico, que estuvo de baja más de 10 meses y perdió prácticamente toda la visión de un ojo

Juzgados de Santander. R.A.
Juzgados de Santander. R.A.
Condenado a 12 años de prisión un hombre por agredir a un médico y a un celador en un centro de salud de Santander

La Audiencia Provincial de Cantabria ha condenado a 12 años de prisión a un hombre por agredir a un médico y a un celador del centro de salud Los Castros de Santander en mayo de 2022.

En una sentencia hoy dada a conocer, el Tribunal le considera autor de un delito de atentado a funcionarios en concurso con un delito de lesiones agravadas, por la agresión al médico, y un delito de lesiones menos graves, por agresión al celador.

Además, de la pena privativa de libertad, le prohíbe acercarse a las víctimas y a sus domicilios y lugares de trabajo, así como comunicar con ellas, durante 11 años en el caso del médico y tres años en el caso del celador.

En concepto de responsabilidad civil, deberá indemnizar al médico en 147.600 euros por las lesiones, los 300 días que estuvo impedido para sus ocupaciones habituales y las secuelas que le han quedado, entre ellas, la pérdida prácticamente completa de la visión de un ojo.

La sentencia también condena a la madre del agresor por un delito leve de amenazas al pago de una multa de 900 euros, y le prohíbe que se acerque o comunique con las dos víctimas durante un plazo de seis meses.

Según los hechos probados que se recogen en la resolución, el ahora condenado acudió junto a su madre al centro de salud demandando asistencia médica.

Allí fue atendido por un celador, quien le indicó que al estar empadronado en otro lugar no le correspondía ese centro de salud. No obstante, le informó que le iba a ver el médico y que si lo consideraba necesario, le derivaría a su centro.

“Ante tal comunicación, el acusado, visiblemente alterado, comenzó a gritar y a repetir a viva voz que no le iban atender, intentando introducir su mano por debajo de las mamparas protectoras tras las que se encontraba el celador”, señala la sentencia. En ese momento, la madre de aquel entró en el centro y comenzó a gritar que cómo era posible que no fueran atender a su hijo.

Entonces, un médico, que estaba atendiendo a otro paciente en consulta, al oír los gritos se dirigió al lugar donde estaban los procesados y tras preguntarle al acusado qué era lo que le pasaba y señalar este que tenía dolor de garganta el médico le informó de que se le iba a derivar a su centro de salud.

Grabación

Ante esta situación, el acusado, “disconforme con la decisión del médico, sacó su teléfono móvil y comenzó a grabar tanto al médico como al celador”, quienes le indicaron que dejara de hacerlo.

Por ello, el procesado “se abalanzó sobre el médico para propinarle un cabezazo en el rostro que le hizo caer al suelo y numerosos puñetazos también en el rostro”.

El celador, “con la finalidad de auxiliar al médico, intentó sujetar al procesado para quitárselo de encima, y tras un forcejeo, los tres se dirigieron hacia la zona de entrada del centro.

“En el curso de dicho forcejeo, el procesado propinó un golpe en la cara del celador, sujetando e inmovilizando al médico contra la puerta de acceso al centro de salud, donde le propinó numerosos y fuertes golpes en el rostro con el puño cerrado, sin que este pudiera repeler dicha agresión al tenerle totalmente inmovilizado”, añade el relato de hechos.

El celador nuevamente trató de auxiliar al médico y agarró al agresor para expulsarle del centro. Fuera estaba la madre de este que en ese momento se dirigió al personal del centro “diciendo con ánimo de amedrentarles que no sabían lo que habían hecho y que no iban a salir de ahí”.

A consecuencia de los hechos, el médico sufrió traumatismos en la cara, rotura de nariz, pérdida de visión y trastorno de estrés postraumático.

Por su parte, el celador resultó con rotura de un tendón de bíceps y contusiones en mandíbula y oído. Como secuelas, tiene una cicatriz de once centímetros en la zona del codo y material de osteosíntesis.

La sentencia de la Audiencia Provincial no es firme y se puede recurrir en apelación ante la Sala de lo Penal del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria.