Los forenses desconocen la causa del asesinato decapitado de Castro Urdiales, aunque el cráneo fue sometido a la acción del calor

Municipio de Castro Urdiales. R.A.

El cráneo fue "severamente manipulado" y presentaba "signos evidentes de haber sido sometido a la acción del calor", según los expertos

Los forenses que han practicado la autopsia al cráneo encontrado en septiembre de 2019 en un paquete en Castro Urdiales desconocen la causa de la muerte a partir de los restos óseos analizados, aunque confirman la existencia de violencia en el asesinato.

No obstante, aunque aparece como "indeterminada" en su informe, se decantan "más" por una muerte de tipo "violenta", teniendo en cuenta la decapitación y la desaparición del resto del cadáver, que no ha sido encontrado aún, pues es algo "altamente sospechoso".

Así lo ha expresado la médico encargada junto a otro compañero de realizar la autopsia a la cabeza, durante su comparecencia conjunta en el juicio contra Carmen Merino, acusada de asesinar a su entonces pareja, Jesús María Baranda, y que se enfrenta a 25 años de prisión que pide el fiscal.

En la quinta sesión de la vista oral, celebrada a lo largo de esta semana y que seguirá también la próxima en la Audiencia Provincial de Cantabria, se ha iniciado la prueba pericial ante el tribunal del jurado.

"Prácticamente no quedan partes del cadáver y las pocas que hay están extraordinariamente dañadas", han apuntado los forenses, al resaltar que el cráneo no representa "ni el ocho por ciento" del conjunto del cuerpo.

Los expertos han destacado que el cráneo fue "severamente manipulado", por la separación del cuerpo con un objeto "cortante" y con "cierto componente contuso", como un cuchillo o hacha, de filo "no serrado", una motosierra "arrastra el tejido y se atasca". Ese trabajo de separación "sencillo no es", pero "una mujer lo puede hacer perfectamente", han apuntado.

Y han justificado el que el cráneo fuera "extraordinariamente manipulado" porque presentaba, además, "signos evidentes de haber sido sometido a la acción del calor", acción por fuente térmica que aparece "muy localizada", en una zona "determinada" del cráneo: la parietal derecha.

Pero tampoco pueden determinar si obedeció a fuego directo, como una hoguera, o a un contenedor que se estaba calentando, recipiente con poca agua o que se evapora y se produce un "chamuscamiento" de esa parte. En todo caso, sí han indicado que esa acción contribuye a desprender las partes blandas, retrasa la putrefacción y los olores son "mucho menores".

Asimismo, en los restos examinados, también las tres primeras de las siete vértebras cervicales, además de la cara y mandíbula, se han apreciado lesiones que, a juicio de los peritos, se produjeron en el momento "alrededor" de la muerte, que es "compatible" con la fecha de desaparición de Baranda, en febrero de ese año.

Y otras realizadas con posterioridad al fallecimiento, propias de la "maniobra de decapitación" y que apuntan a un "ataque homicida" más que a una muerte natural.

Diazepam

En los restos descubiertos en el paquete, que la sospechosa habría entregado meses antes a una amiga suya para que lo guardase en su casa alegando que escondía juguetes sexuales- se conservaban algunos tejidos blandos que se sometieron a un estudio químico y toxicológico. Eran "pocos", presentaban un "apelotamiento" en la parte derecha de la cabeza, y estaban "totalmente putrefactos".

Este análisis arrojó la presencia de al menos tres sustancias: una de ellas, un ansiolítico, Diazepam, que Baranda no tomaba por prescripción médica, sí su pareja, y que en todo caso se suministró cuando estaba "vivo", siendo "posible" que la dosis fuera "alta".

El estado del cráneo en el momento en que fue descubierto, nivel de esquelitazación no "natural" que evidencia "manipulación", saponificación y presencia de mohos, obedece a condiciones de "humedad" y "falta de aire", que encajarían con el hecho de haber sido guardado en bolsas de plástico dentro de un armario, según la testigo que lo descubrió.

A preguntas de los jurados, los expertos han explicado que tejidos en proceso de descomposición y con la presencia de moho "debían emitir un cierto olor", en tanto que la acción del calor sobre el hueso hace también que "emita algo de olor" (extremo que negó la amiga que guardaba el paquete en un armario de su casa).

Por otro lado, en el interior se localizaron 37 pelos "adheridos" o "pegados" al cráneo, en el que también había pequeñas partículas incrustadas, una de yeso y el resto de cerámica vitrificada, habitual en sanitarios de baños, objetos decorativos o fundas dentales.

Siete huellas

En la pericial sobre las huellas dactilares halladas en los envoltorios, los expertos encargados de esta prueba han señalado que se encontraron un total de siete "con calidad suficiente" para su estudio, también había fragmentos de otras no analizadas, y que se corresponden con las de la acusada, que ha seguido parte del plenario, en especial la relacionada con la autopsia, tapándose los oídos y mirando hacia abajo.

Pero "ninguna" pertenece a la amiga a la que entregó el paquete, han apuntado los agentes encargados de estudiarlas, que han detallado que cinco huellas estaban en un lateral de un plástico de color negro y las dos restantes en el otro lateral, seis en la parte inferior y una en la central, pero sin poder precisar si se trata de una misma bolsa o no, ya que "venían todas juntas".

Recibieron, por un lado, cuatro bolsas de basura, dos hojas de periódico y una bolsa con cremallera estampada de tela, tipo neceser, y por otro, dos bolsas de plástico de color azul y más papeles de periódico.

En cuanto a los fragmentos de huellas, a entender de los peritos "denotan una manipulación", pero sin poder determinar de cuántas personas. "Sabemos que hay una manipulación, pero son sabemos si son de una, dos, tres o cuatro personas", han expresado.

En otro orden de cosas, los psiquiátricas que evaluaron el estado físico y psicológico de la acusada concluyeron que era "normal" y no presentaba "ninguna alternación", sino que se mostraba "tranquila", aunque a sus ojos "no es una reacción emocional esperable" ante la muerte de un allegado. Tampoco apreciaron trastorno psicótico alguno.

Probabilidad

El juicio arrancó este viernes con la pericial biológica, con la participación por videoconferencia de dos agentes expertos en personas desaparecidas y sin identificar. Según expresaron, hay una probabilidad "muy elevada" de que los restos óseos analizados -el cráneo- sean de Jesús María Baranda, banquero jubilado vasco de 67 años en el momento de su desaparición.

Han llegado a esa conclusión tras cotejar el ADN de dos piezas dentales del cráneo con muestras de familiares, la hija y el hermano, y restos en enseres personales del finado -cuchillas de afeitar desechables y cepillo de dientes cuyo uso se atribuyó a la víctima-.

Y la posibilidad de que la cabeza sea de él es "muy alta", en concreto de 70.000 millones de veces, de que la relación sea de familiaridad, cuando este tipo de resultado se da por positivo a partir de 10.000 veces.

Mancha de sangre

De los análisis de diferentes muestras practicados por estos expertos también destaca la conclusión en torno a una mancha de sangre hallada en un cojín del salón la vivienda donde convivían la acusada y la víctima, en el número 12 de la calle Padre Basabe de la localidad castreña, y que corresponde a otro perfil genético, de una mujer que no es Merino, y que se desconoce de quién es.

Asimismo, estudiaron restos orgánicos en papeles de periódicos remitidos por la investigación, al parecer, la cabeza estaba también envuelta en una hoja con un crucigrama cumplimentado, de tal forma que se aprecia una mezcla de perfiles genéticos compatible con dos personas "como mínimo", siendo una del propio Baranda.

El juicio sigue el lunes con las periciales toxicológica, informática e inspección ocular.