CRÍTICA

Vladimir Jurowski y la Orquesta Estatal de Baviera brillan en Santander

La Orquesta Estatal de Baviera. Ángel Camarero

El Palacio de Festivales de Cantabria acogió el concierto con una sección de cuerdas primorosas distribuidas en forma distinta a la habitual

FICHA:

-Bayerisches Staatsorchester (Orquesta Estatal de Baviera)

-Solista: Frank Peter Zimmerman, violín. Director: Vladimir Jurowski.

-Programa: W. A. Mozart: Sinfonía n° 32, K318. O. Respighi: Concierto gregoriano para violín y orquesta. J. Brahms: Serenata n° 1, Op.11.

-Espacio: Palacio de Festivales, Sala Argenta, jueves, 21 de marzo de 2024.

-Calificación (sobre 5): ***

Regresaba a Santander el director ruso Vladimir Jurowski desde su última aparición en 2021 cuando visitó la ciudad con la Orquesta de la Radio de Berlín. Han sido varias las visitas que nos ha hecho con distintas agrupaciones, todas del máximo nivel, como en 2017 al frente de la London Philharmonic en la clausura del Festival Internacional de Santander (FIS) de aquel año. En esta ocasión ha venido al frente de otra gran orquesta europea, la Bayerisches Staatsorchester, que celebró el pasado año su 500 aniversario, toda una institución.

La Orquesta Estatal de Baviera posee un sonido compacto en toda su estructura, con una sección de cuerdas primorosas distribuidas en forma distinta a la habitual, con los contrabajos y los cellos a la izquierda, en la búsqueda de un sonido más homogéneo por parte de Jurowski para el programa que se ofreció. Tenían interés las tres obras previstas por estar alejadas de lo más trillado del repertorio habitual.

Abrió el concierto la breve 'Sinfonía n° 32' de Mozart con una estructura de obertura italiana, con sus tres movimientos interpretados sin solución de continuidad. Jurowski ofreció un Mozart animado y hasta juguetón en el primer y tercer movimiento, siendo el 'Andante' del segundo de una gran belleza y lirismo gracias a la primorosa sección de maderas y cuerdas.

De Ottorino Respighi se nos ofreció el inhabitual 'Concierto gregoriano' para violín y orquesta. Estrenada en Roma en 1922 es una obra de gran belleza melódica que requiere de un solista de alta escuela técnica, en esta ocasión fue el gran violinista alemán Frank Peter Zimmerman que ofreció una destacada versión tocando con un violín Stradivarius 'Lady Inchiquin' de 1711. La obra posee una orquestación opulenta, rica en colores, matices y ciertos toques impresionistas.

Jurowski dirigió con su gesto habitual elegante, sin aspavientos, de gran precisión, dejando lucirse a la esplendida sección de cuerdas y maderas, de absoluto empaste y brillantez, junto al lirismo que aportaba el arpa y el piano celesta. La escritura para el violín es de gran virtuosismo (Respighi era un consumado violinista), y aquí Frank Peter Zimmerman se pudo lucir en momentos memorables.

Consiguió un sonido sedoso y un brillante fraseo de los primeros movimientos acompañado en perfecta concertación con la orquesta. En el último movimiento, 'Allegro energico', Zimmerman demostró su capacidad para los pasajes vertiginosos de una enorme belleza melódica.

A pesar de los aplausos con que se premió su interpretación, éstos no fueron suficientes para que nos regalara una propina, algo que sí concedió en el concierto del día anterior en Madrid. El público palaciego estuvo algo frío en toda la velada, tal vez a causa de la falta de escuchar este repertorio.

Ya el la segunda parte, tocó el turno a la Serenata n° 1 de Johannes Brahms, obra de juventud y también infrecuente en las salas de conciertos. Aquí Jurowski consiguió un control sobre la orquesta de gran precisión, con un sonido de las maderas esplendoroso, y una impecable diferencia en los planos sonoros. El segundo movimiento estuvo lleno de matices y unas dinámicas espléndidas bajo la batuta detallista de Jurowski.

Esta 'Serenata' es obra de un joven Brahms y una de sus primeras aproximaciones al mundo sinfónico. Compuesta entre 1857 y 1858 está estructurada en seis movimientos, y la orquesta bávara se lució con un sonido bellísimo, acompasado, hasta el rondó allegro final de una gran sonoridad plena de empaste y lirismo.

Es cierto que las tres obras no pertenecen al gran repertorio romántico y son pocas las ocasiones en que se programan, tal vez por ser composiciones de sonidos alejados de la complejidad y estructuras más atrayentes para el público. A pesar del éxito y los aplausos, tampoco al final se concedió ninguna propina de regalo, algo que también se dio en el concierto madrileño del día anterior.