CRÍTICA

‘Viejos tiempos’, los silencios que hablan

Representación de 'Viejos tiempos'.
El Palacio de Festivales de Cantabria acogió la representación de la obra de teatro de Harold Pinter con Ernesto Alterio, Marta Belenguer y Mélida Molina como interprétes

FICHA TÉCNICA:

-Teatro: ‘Viejos tiempos’, de Harold Pinter. Versión: Pablo Remón. Dirección: Beatriz Argüello. Producción: Teatro de La Abadía. Intérpretes: Ernesto Alterio, Marta Belenguer y Mélida Molina. Escenografía: Carolina González. Palacio de Festivales de Cantabria, Sala Pereda. Viernes, día 23 de enero de 2026.

Siempre es interesante poder admirar alguna de las obras del prolífico dramaturgo, poeta, actor y director inglés Harold Pinter, premio Nobel de Literatura en 2005, con un estilo hacia la reflexión de nuestros más íntimos sentimientos. Considerado uno de los dramaturgos británicos más influyentes, escribió veintinueve obras de teatro agrupadas en diversas temáticas, siendo las más conocidas las incluidas bajo la denominación de ‘Teatro de Memoria’, donde figura la obra ‘Viejos tiempos’ (Old time, 1971) y que hemos podido ver estos días en el Palacio de Festivales.

Pinter nos describe la forma en que la imaginación puede influir sobre los recuerdos personales, y esa ha sido la intención de Beatriz Argüello dirigiendo esta versión adaptada por Pablo Remón. Han intentado recrear el ambiente de sospechas, dudas, celos que se reflejan en la obra del escritor inglés, y en varios momentos lo consiguen, como la escena del baño de Kate al trasluz, mientras su marido Deeley y Anna se echan en cara recuerdos de hace años y que parecían olvidados. Son situaciones que se repiten de forma constante a lo largo de la obra con momentos que llegan a ser tensos.

El aparente feliz matrimonio formado por Kate (sugerente y silente Mélida Molina) y Deeley (extraño y algo loco Ernesto Alterio), se verá alterado con la visita de Anna (estupenda y elegante Marta Belenguer), antigua íntima amiga de Kate, sacando a la luz historias de hace años que provocan los celos y los miedos del marido. Los silencios provocan tensión, los reproches llegan a ser emitidos de forma directa, el descubrir la ocultación de la verdad traerá nuevos silencios, nuevos reproches.

Los actores de 'Viejos tiempos'.

Pero el problema es que esas situaciones de tensión y silencios (una técnica muy bien usada por Harold Pinter en sus obras), no tienen solución, no aclaran nada al espectador, se repiten sin un desenlace definitivo. Te expone la extraña relación entre los tres personajes, pero se queda en eso, la obra termina casi como empezó. Los reproches, los miedos y hasta los celos siguen presentes y el final queda abierto, otra vez dejando que el espectador saque sus propias conclusiones.

La obra tiene un estilo muy british en su ambientación, un poco antiguo, el comportamiento de los personajes y hasta el vestuario diseñado por Verónica Cornejo, nos reflejan la forma de actuar en ese salón de casa solariega de grandes ventanales, en una escenografía de Carolina González básica pero efectista. Los tres actores hacen un buen trabajo de identificación de cada personaje, con buenas expresiones y vocalización (no usan micrófono lo que indica sus buenas técnicas declamatorias), y la dirección de Beatriz Argüello se ajusta a la idea central de la obra.

Al final, todo queda en el aire. La batalla de reproches de cada personaje no tiene vencedores ni vencidos, no existe una conclusión final. Que el espectador elija la suya propia. Esa podría ser la intención de Pinter con sus reflexiones y dudas. Y por la fría reacción final del público que llenaba la sala, parece objetivo cumplido.