CRÍTICA

La Sinfónica del Principado de Asturias y la “música en tiempos de guerra”

La Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. Ángel Camarero

Basado en dos obras de Sergei Prokofiev, cuyos estrenos coincidieron con la Revolución bolchevique de 1917 y con casi el final de la Segunda Guerra Mundial

FICHA:

-Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. Violín solista: Alena Baeva. Directora: Anna Rakitina.

-Obras: E. Langer: 'Leonara’s Dream'. S. Prokofiev: Concierto para violín núm. 1. Sinfonía núm. 5.

-Palacio de Festivales de Cantabria, Sala Argenta. Sábado, 27 de mayo de 2023.

-Calificación (sobre 5): ***

Ha querido la casualidad, o no, que durante este mes de mayo pasen por el escenario de la Sala Argenta del Palacio de Festivales las dos orquestas oficiales de Asturias, la Oviedo Filarmonía y ahora la Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA). Ya que en Cantabria ni tenemos ni se la espera una orquesta oficial de la Comunidad Autónoma, más por pura desidia que por otras razones, bien está que nos visiten las agrupaciones sinfónicas de otras regiones y, por lo menos, cubrir un hueco que no tiene muchos visos de ser resuelto.

El programa con el que la OSPA nos ha visitado en Santander lo han titulado 'Música en tiempos de guerra', basado en dos obras de Sergei Prokofiev, cuyos estrenos coincidieron con la Revolución bolchevique de 1917 y con casi el final de la Segunda Guerra Mundial. Previamente se interpretó una versión sobre la ópera Fidelio de Beethoven de la compositora moscovita Elena Langer, tomando a su protagonista Leonora como tema principal, una obra sin mayor interés.

Se abordó el Concierto para violín n° 1 de Prokofiev, con la violinista rusa Alena Baeva de solista. Demostró ser poseedora de una exquisita técnica para abordar una partitura muy compleja y de muchas aristas, sobre todo tocando con un violín Guarnerius del Gesù de 1738, una joya con su peculiar sonido más oscuro y algo seco en comparación con el sonido de los violines actuales. Prokofiev escribió este concierto en 1917 en plena Revolución por lo que su estreno no fue hasta 1923 en París. Baeva supo imprimir el carácter romántico del primer y tercer movimiento, y los ritmos frenéticos del segundo.

La orquesta acompañó en buena concertación a la solista pero la dirección de Anna Rakitina adoleció de falta de impulso cromático, con pocos contrastes sonoros, demasiado plano. Esto produjo falta de ritmo y de mayor tensión orquestal. El público estuvo muy frío al final de la obra y a pesar de la buena interpretación de Alena Baeva, no hubo opción de una propina para su mayor lucimiento.

Ya en la segunda parte, le tocó el turno a la Sinfonía n°  5, Opus 100, del mismo compositor, una obra de carácter épico estrenada en 1945 en Moscú. Aquí la dirección de Anna Rakitina estuvo algo más concisa con los requerimientos de la partitura, consiguiendo de la orquesta momentos más lucidos, aunque sin exceso de brillo.

Los casi 80 músicos de la OSPA respondieron con plena afinación y concertación en los cuatro movimientos de la sinfonía, sobre todo gracias a la estupenda labor del violín concertino, Aitor Hevia, que impulsó a los músicos en los ambientes que Prokofiev quiso reflejar.

Es una obra compleja, con muchos matices y contrastes sobre todo por parte de los cellos y violines segundos, donde Prokofiev juega con un diálogo contante con el viento madera y la percusión. Requiere de una masa orquestal amplia y aquí es donde a la directora moscovita le faltó un marcaje más incisivo en las distintas secciones. Se notó, sobre todo, en el scherzo del segundo movimiento, con esos juegos sonoros con los violines que Prokofiev ya usó en la melodía principal de su ballet Romeo y Julieta.

El tercer y cuarto movimientos sonaron mejor y con algo más de lirismo hasta llegar al allegro giocoso final, un clímax sonoro que consiguió una mejor resolución gracias a la buena concertación. Estamos ante una de las mejores orquestas actuales, con un sonido bien empastado y algo oscuro, sobre todo de las cuerdas, lo que les permite abordar este tipo de repertorio con plena seguridad.

Es una pena que la dirección musical haya impedido un mayor lucimiento orquestal acorde a su categoría artística. El público, que llenaba media sala, habría sido mucho más caluroso. Al final, aplausos de cortesía y sin propinas.