CRÍTICA

‘Panorama desde el puente’, una nueva versión plana de una obra eterna

Representación de 'Panorama desde el puente'.

El Palacio de Festivales de Cantabria acogió la obra de Arthur Miller sobre la inmigración ilegal

FICHE TÉCNICA:

-Teatro: ‘Panorama desde el puente’, de Arthur Miller. Versión: Eduardo Galán. Dirección: Javier Molina. Intérpretes: José Luis García-Pérez, María Adánez, Francesc Galcerán, Ana Garcés, Pablo Béjar, Rodrigo Poisón, Manuel de Andrés y Pedro Orenes. Escenografía: Elisa Sanz. Vestuario: Emilio Sosa. Palacio de Festivales de Cantabria, Sala Pereda. Viernes, día 20 de febrero de 2026.

Es llamativa la coincidencia entre los tiempos que vivimos por la brutal represión de Trump hacia los inmigrantes en Estados Unidos, con el argumento de ‘Panorama desde el puente’, una de las obras cumbres de Arthur Miller estrenada en septiembre de 1955, cuyo tema sobre la inmigración ilegal, las redadas y los miedos, están hoy día de plena actualidad. O más bien, nunca dejaron de estarlo. Una nueva versión de la obra hemos podido ver este fin de semana en Santander, esta vez a cargo de Eduardo Galán y la dirección de Javier Molina.

Arthur Miller (1915-2005), es uno de los autores dramáticos más importantes del pasado siglo, comprometido con las causas sociales y los movimientos políticos de izquierdas de su época. Sufrió persecución con la ‘caza de brujas’ por actividades antiamericanas, que siempre negó, pero que no impidieron un reconocimiento al más alto nivel de sus obras. Premio Pulitzer por ‘Muerte de un viajante’ (1949) o el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2002, que recogió en Oviedo dando un discurso de alto contenido social.

En ‘Panorama desde el puente’ se ofrece un retrato social del barrio portuario de Red Hook, en Brooklyn. Narra la historia, basada en ciertos hechos reales, del matrimonio de Eddie Carbone y Beatrice, que viven con su joven sobrina Katherine. Acogerán y ocultarán en su casa a dos primos italianos, Marco y el joven Rodolfo, que llegan a Nueva York de forma ilegal. Su presencia desatará los celos y la máxima tensión de Eddie, obsesionado con proteger a su sobrina pero que, en realidad, oculta un verdadero amor hacia ella. La tragedia final la va contando su abogado, narrador de la historia, dejando clara la dura realidad de una situación insostenible.

La obra trata sobre la inmigración ilegal.

En esta nueva versión, Eduardo Galán respeta el texto original y a los personajes de la obra, pero la dirección de Javier Molina pareció falta de contrastes, con una dirección de actores algo encasillados. La tensión creciente entre los personajes queda algo difusa, incluso el trágico final no acaba de llenarnos de tensión dramática. Es cierto que no ayudan las dichosas proyecciones en directo de los actores, que no vienen a cuenta y que distraen de la acción general.

La escenografía diseñada por Elisa Sanz, de carácter simbólico, muestra los distintos ambientes de la casa e incluso, en una esquina, el despacho del abogado/narrador. De fondo la escalera de incendios exterior, usando pantallas transparentes para las proyecciones en directo, algo totalmente prescindible, con ausencia de la visión del famoso puente de Brooklyn. Ambiente algo sórdido con una iluminación con algunos fallos de sincronización, y vistoso vestuario diseñado por Emilio Sosa.

Es una obra que requiere de un reparto muy sólido con actores que hagan creíble sus historias personales. En esta producción, tanto José Luis García-Pérez (intenso Eddie) como María Adánez (creíble Beatrice), son los que sostienen el peso dramático argumental. Bien Rodrigo Poisón (Marco) y flojos y poca química entre ellos tanto Pablo Béjar (Rodolfo) como Ana Garcés (Katherine). Correcto el resto del reparto. El abuso del recurso de usar el patio de butacas para las entradas y salidas de los personajes, es otro elemento que no ayuda a la atención del público.  

Esta producción tuvo su estreno en Valladolid el pasado mes de enero y se encuentra en periodo de rodaje entre varias ciudades incluida Santander, antes de su estreno en abril en el Teatro Fernán Gómez de Madrid. Tienen tiempo para mejorar actuaciones y corregir elementos escénicos que, por repetitivos, aportan poco y alejan al espectador del verdadero drama argumental. El amplio respaldo del público a una obra eterna, merece el esfuerzo.