Óliver Díaz y Christof Loy llevan en volandas la nueva producción de ‘El barberillo de Lavapiés’
Con la participación del actual director de la Joven Orquesta Sinfónica de Cantabria, dirigiendo a la orquesta Oviedo Filarmonía, habitual del Palacio de Festivales de Cantabria
Hay ocasiones artísticas que por su atracción mediática justifican un viaje. En el caso que nos ocupa, ha sido la presentación en el Teatro Campoamor de Oviedo, primicia en España, de la nueva producción de ‘El barberillo de Lavapiés’, la joya musical de Francisco Asenjo Barbieri, que ha llevado a cabo el director de escena alemán Christof Loy, y que se ha podido ver este sábado, día 28 de febrero.
Si ya de por sí es suficiente motivo, habría que sumarle la participación del director musical Óliver Díaz, actual director de la Joven Orquesta Sinfónica de Cantabria, dirigiendo a la orquesta Oviedo Filarmonía, habitual del Palacio de Festivales de Cantabria, y la del propio Cosme Marina, director artístico del Festival Internacional de Santander (FIS), además de programador de toda la actividad musical de Oviedo, que se ha apuntado un buen tanto con esta presentación.
Barbieri (1823-1894) es considerado uno de los grandes maestros de la zarzuela grande, autor de títulos tan emblemáticos como ‘Pan y toros’, ‘Jugar con fuego’ o ‘El barberillo de Lavapiés’ estrenada en diciembre de 1874. Su admiración por la ópera italiana le llevó a intentar crear las bases de una ópera nacional española, que se vio reflejado en el estilo italianizante de sus obras y su labor sentó las bases de la zarzuela moderna.
Había gran interés en ver esta nueva producción escénica del ‘Barberillo’ del reputado director de escena alemán Christof Loy (Essen,1962), destacando sus trabajos en las obras de Mozart y Richard Strauss y en repertorios barroco y moderno. Su descubrimiento de la historia de la zarzuela, le ha llevado a fundar su propia compañía lírica, ‘Los Paladines’. Estrenó su versión de ‘El barberillo de Lavapiés’ en septiembre de 2025 en el Theater Basel de Basilea, convirtiendo la obra de Barbieri en un hito en su carrera. La producción se presentó como una colaboración entre Basilea, Madrid y Oviedo, adaptando el ambiente madrileño del siglo XVIII a una visión contemporánea.
Su escena para este Barberillo rompe ciertos moldes con la temporalidad de la historia tan bien narrada en el libreto de Luis Mariano de Larra. Le quita esa casposidad antigua tan propia de otras versiones y nos la acerca a épocas más actuales, con un trabajo actoral enorme, de mucha viveza, coreografías incluidas, que le da mayor expresividad a la genial partitura de Barbieri.
La escenografía creada por Manuel La Casta es luminosa, amplia, de tonos muy claros y espacios abiertos, muy del estilo de algunas óperas de Richard Strauss. El elegante vestuario diseñado por Robby Duiveman y el sabio juego de iluminación de Valerio Tiberi, completaron un trabajo espléndido que ojalá se pudiera disfrutar en muchos teatros.
Por su parte, el trabajo musical de Óliver Díaz fue el otro gran triunfador al frente de la Oviedo Filarmonía. Hizo un laborioso trabajo de contención, de concertación entre foso y escena, acompañando a los cantantes, casi respirando con ellos, y haciendo sonar a la orquesta con dinámicas y tiempos muy ajustados. El sonido lírico ya conocido de la orquesta, tuvo su mejor expresión en el interludio del tercer acto, con el protagonismo del trompeta Antonio Soriano con unas difíciles variaciones del tema de ‘Lamparilla’.
Como señala el musicólogo Jonathan Mallada en su artículo del programa de mano, Barbieri y Larra dejan que el protagonismo descanse en la pareja de antihéroes, formada por ‘Lamparilla’, el barbero, y ‘Paloma’, la costurera. En esta producción han sido unos estupendos David Oller, barítono lírico que ha hecho suyo el personaje, con una labor vocal y actoral de gran calado, y Carmen Artaza, mezzosoprano de nítida vocalización, perfecta dicción y emisión de un timbre absolutamente musical.
La química escénica entre ellos brilló en toda la función para disfrute del público, llegando a tener que bisar su famoso dúo del segundo acto ‘Una mujer que quiere ver a un barbero’.
La otra pareja protagonista fue más discreta, aunque siempre con un trabajo muy notable. Así, la soprano Cristina Toledo fue una aceptable ‘Marquesita del Bierzo’, y el tenor Santiago Sánchez como ‘Luis de Haro’, vocalmente menos lucido, sobre todo en unos graves casi inaudibles. El resto del reparto correctos, sobre todo destacó el bajo Alejandro Baliñas, como ‘Juan de Peralta’, al que habrá que seguir de cerca.
El coro Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo, flojos y destemplados, mejor las féminas que los hombres que requieren una completa renovación.
La presencia en escena del guitarrista Marcelino Echevarría, aportó continuidad en los distintos cuadros, con fragmentos de la propia obra y de la ‘Asturias’ de Albéniz o ‘Recuerdos de la Alhambra’ de Tárrega.
El éxito cosechado ha sido notorio, con un Campoamor abarrotado en las dos funciones realizadas, con aplausos y ovaciones finales de más de 10 minutos, sobre todo para los dos directores. Sólo nos queda el deseo de poder disfrutar en Santander de producciones de este nivel, que podría ocurrir en próximas ediciones del FIS.