‘Norma’ en Santander, crónica de un fiasco anunciado
El Palacio de Festivales de Cantabria acogió esta tragedia lírica en dos actos
FICHA:
-Ópera: ‘Norma’. Tragedia lírica en dos actos. Libretto: Felice Romani. Música: Vincenzo Bellini. Reparto: Yolanda Auyanet (Norma), Ekaterina Buachidze (Adalgisa), Andeka Gorrotxategi (Pollione), David Cervera (Oroveso), Laura de la Fuente (Clotilde), Víctor Jiménez Moral (Flavio). Coro y Orquesta del Teatro Nacional de Moldavia, con la colaboración de la Orquesta Sinfónica del Cantábrico y de voces del Coro Lírico de Cantabria. Directora de escena: Rodica Picireanu. Director musical: Óliver Díaz. Palacio de Festivales, Sala Argenta, sábado 28 de marzo de 2026.
Cuando se presentó la actual programación de invierno/primavera del Palacio de Festivales de Cantabria llamó la atención el escaso peso de la música y la lírica, pero descubrimos con sorpresa que se había programado, nada menos, una ópera de la enorme exigencia como es ‘Norma’. Y para salir del paso, se encargó a la compañía del Teatro de la Ópera de Moldavia, una agrupación modesta que actúa por teatros pequeños y discretos, que se hiciera cargo de semejante título.
La sensación de falta de criterio a la hora de seleccionar un título de ópera quedó patente, una vez más, cuando la actual responsable de programación del Palacio de Festivales, Isabel Ibarra, antigua gestora administrativa ahora en labores de programación, consultó a la productora de Leonor Gago qué título se podía montar, y sugirió ‘Norma’ como podían haber propuesto El Ocaso de los Dioses wagneriano o El sueño de una noche de verano, de Britten. Daba igual, el caso era poner algo. La Sala Argenta se iba a llenar de todos modos por el “hambre” de ópera que hay en Santander.
En medio de un reparto artístico poco apropiado para este título, surgió el nombre del director Óliver Díaz, que hizo una titánica labor de contención de un conjunto que amenazaba hundimiento. Menos mal que el maestro asturiano aceptó semejante reto, no sabemos qué habría pasado con otra dirección musical de una partitura tan delicada y complicada como la escrita por Vincenzo Bellini.
Vamos a dejar de lado la escenografía montada por los moldavos, pobre y fea de solemnidad, con ausencia total de una dirección de actores, con iluminación ramplona y vestuario de andar por casa. Nos centraremos en el aspecto musical que es realmente lo importante en una ópera como Norma.
El reto para el director Óliver Díaz era arriesgado. Enfrente tenía a la orquesta moldava que hubo que reforzar con músicos de la Sinfónica del Cantábrico y un coro limitado al que completó con algunas voces del Coro Lírico de Cantabria. Se dio cuenta que la única posibilidad de salir airoso era contener todo lo posible, en los tiempos y volumen, tanto a la orquesta como las voces del reparto y del coro. Y así fue, con mano de hierro consiguió que aquello no se desmadrara. Ya lo había conseguido hace unas semanas en Oviedo con la producción de ‘El barberillo de Lavapiés’, y ahora lo ha vuelto a repetir.
Hoy en día, son muy escasas las sopranos que se atreven con el rol de ‘Norma’, que exige una soprano spinto dramática de agilidad. Creemos que Yolanda Auyanet, aunque ha cantado el papel en varias ocasiones, ya no reúne las duras condiciones escritas por Bellini, le falla la coloratura y las medias voces que transmitan las emociones de un personaje con tanta carga dramática. Su ‘Casta diva’ pasó sin emoción y su exceso de volumen con los agudos le jugó malas pasadas a lo largo de la obra.
Algo más adecuada fue la Adalgisa de la mezzo Ekaterina Buachidze, de timbre lírico más grato y sin estridencias, aunque su punto débil son sus notas graves, casi inaudibles en los concertantes y los dúos con la protagonista. Ejemplo claro se notó en la hermosa escena ‘Mira, oh Norma’, bien cantada, pero sin los contrastes vocales requeridos
El resto del reparto muy flojos, el tenor Andeka Gorrotxategi, un Pollione desmadrado vocalmente y hierático en lo escénico, el bajo David Cervera, inadvertido Oroveso, al igual que la Clotilde de Laura de la Fuente y el Flavio de Víctor Jiménez Moral. Bien la banda interna con alumnos del los Conservatorios de Santander y Torrelavega. Las continuas toses y estornudos de parte del público también fueron protagonistas.
Los políticos de turno nos venden la idea que el Palacio de Festivales debe ser el “buque insignia” de la cultura en Cantabria. Pero olvidan que para que eso sea cierto, el nivel de exigencia artística debe ser mucho más alto, algo que hoy día está lejos de conseguirse. Y sin una dirección artística profesional, más lejos todavía.
Cuentan las crónicas de la época que el estreno de ‘Norma’ en 1831 no tuvo el éxito esperado, y Bellini escribió a su amigo Francesco Florimo:’Fiasco!, fiasco!, fiasco!’. Aprender de los errores es el primer paso para mejorar. Si se quiere que el Palacio de Festivales se aleje de la actual mediocridad y sea un referente cultural, desde luego, así no.