CRÍTICA

Música en danza para una fría noche

Orquesta Filarmónica de Hungría. Ángel Camarero

El Palacio de Festivales de Cantabria acogió el concierto de la Orquesta Filamórnica de Hungría

FICHA:

-Orquesta Filarmónica Nacional de Hungría. Solista: Ana Vidovic, guitarra. Director: Jordi Francés

-Programa: E. Granados: Valses poéticos. J. Rodrigo: Concierto de Aranjuez. I. Stravinsky: Pulcinella, suite. M. Falla: El sombrero de tres picos, suite n° 1.

-Espacio: Palacio de Festivales, Sala Argenta. Viernes  19 de enero 2024.

-Calificación (sobre 5): ***

A pesar de las bajas temperaturas de estos días de invierno, el público llenó la Sala Argenta del Palacio de Festivales atraídos por un programa “caramelo”, de esos que de vez en cuando apetece escuchar y relajar la mente de tantos ajetreos. Un programa elaborado con la danza como nexo de unión para deleite del respetable.

Hay una evidente intención al unir a autores tan diversos, pero coetáneos, como Granados, Rodrigo, Stravinsky y Falla con la música de danza como criterio básico para armar un programa de concierto. La Orquesta Filarmónica Nacional de Hungría fue la encargada de interpretar sus obras, una orquesta de sonido algo opaco pero que en manos del director Jordi Francés consiguió momentos aceptables.

Así ya se notó la mano del director en los 'Valses poéticos' de Enrique Granados, una obra escrita en sus orígenes para piano que el propio Francés transcribió para orquesta. Atento a las dinámicas, hizo lucirse a la sección de cuerdas ofreciendo un sonido envolvente y bien concertado. Se nota su disposición hacia la música del siglo XX y el repertorio contemporáneo.

El plato fuerte venía con el 'Concierto de Aranjuez' de Joaquín Rodrigo y con la guitarra solista de la croata Ana Vidovic. El germen de esta magnífica obra se sitúa en 1938 cuando Rodrigo regresaba de dar una conferencia en Santander bajo el patronato de la Sociedad Menéndez Pelayo, y el gran guitarrista burgalés Regino Sáinz de la Maza le propuso componer un concierto para guitarra. La idea le encantó y se puso a trabajar en ello desde su casa en el Barrio Latino de París. El éxito en su estreno en el Palau de la Música de Barcelona en 1940 fue absoluto.

Hacía tiempo que no surgía la oportunidad de escuchar esta obra en su totalidad, con sus tres movimientos, dado que solo es su carismático 'Adagio' el que suele interpretarse de forma aislada y con distintos estilos. Podría ser esta la causa que parte del público, algunos no habituales incluyendo niños, aplaudieran al final de cada movimiento, más emocionados por la esencia de la obra que por la interpretación en sí misma.

La guitarrista Ana Vidovic posee una sólida técnica y tiene interiorizada esta composición, consigue buen sonido con momentos de puro lirismo, algo que se pudo apreciar ya desde el 'Allegro con spirito' y remarcó en el Adagio para terminar con esas notas sueltas del 'Allegro gentile' con las que finaliza la obra. Usó amplificación para que el sonido de la guitarra no quedara en segundo plano frente a la orquesta. Una versión correcta, no de referencia, y con buenos detalles orquestales de la mano de Jordi Francés.

Y la danza también unió a Stravinsky y Falla con sus obras para ballet, 'Pulcinella' y 'El sombrero de tres picos'. Ambos autores tenían gran amistad con Sergei Diaghilev quien les propuso, en distintas épocas, la composición de obras para ballet. El éxito que tuvieron desde su estreno hizo que ambos escribieran arreglos en forma de suites que son las que se usan en conciertos.

En la suite de 'Pulcinella', estrenada en 1922 con la Orquesta Sinfónica de Boston, la orquesta húngara dejó a la vista sus carencias técnicas, con una sección de viento, sobre todo las trompas, en constantes desajustes y entradas defectuosas. A pesar de ello, Jordi Francés consiguió mantener la concertación muy atento a las cuerdas, sobre todo en la 'Gavotta' y en el 'Minuetto finale'.

Más conjuntado sonó la Suite n°1 de 'El sombrero de tres picos' de Manuel de Falla. Tras el gran éxito del estreno del ballet original en Londres, Falla escribió dos suites de la obra para ser interpretados en concierto. La primera de ellas es la que hemos podido escuchar en Santander con la inclusión de piano que simula los fragmentos vocales de la obra original. La dirección de Jordi Francés volvió a ser detallista y muy atento a las dinámicas con notables contrastes sonoros y momentos de sentimiento y lirismo.

Una velada que no pasará al recuerdo a pesar de la buena dirección de Jordi Francés que, aún así, no pudo evitar que el frío exterior contagiara al público con una reacción final de pura cortesía.