CRÍTICA

Luisa Fernanda se va al cine y la orquesta se lleva el premio final

Representación de Luisa Fernanda en el Palacio de Festivales.

El Palacio de Festivales de Santander acogió de nuevo la lírica después de más de 10 años de ausencia

Después de más de diez años de ausencia, este pasado viernes, día 29 de abril, la lírica ha vuelto al escenario del Palacio de Festivales de Cantabria para celebrar el 31° aniversario de su inauguración, incluido el 'Cumpleaños feliz', y lo ha hecho con una de las obras cumbres del género lírico español, Luisa Fernanda de Federico Moreno Torroba.

Es de agradecer el esfuerzo que se hace para programar lírica, nada fácil en estos tiempos, con una respuesta entusiasta del público; otra cosa son los resultados artísticos que se puedan dar.

Luisa Fernanda se estrenó en Madrid en marzo de 1936 y supuso uno de los grandes éxitos no sólo para el compositor sino también para sus insignes libretistas, Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw, dos de los más importantes escritores de zarzuela y teatro del siglo XX.

Para las funciones de Santander se ha escogido la producción del Teatro de la Zarzuela estrenada en 2021 a cargo del director de escena italiano Davide Livermore, y con la escenografía a cargo de Giò Forma que impacta por su realismo y su visión cinematográfica. La dirección musical ha estado a cargo de David Gómez-Ramírez.

De toda la producción hubo un triunfador destacado, la orquesta Oviedo Filarmonía. Es la orquesta titular del teatro Campoamor para las temporadas de ópera, zarzuela y ballet de la capital asturiana.

Esa experiencia se nota en cuanto empiezan a sonar los primeros acordes en todas sus secciones, con empaste, afinación y sonido cálido, y eso que solo eran 31 músicos en el foso. Su momento álgido llegó en el intermedio musical previo al tercer acto, en las variaciones sobre el tema principal de Vidal, con un prodigioso sonido del primer violín acompañado de los cellos, en piano sosegado lleno de musicalidad.

El director musical, David Gómez Ramírez llevó con pausa toda la obra, controlando el volumen, sobre todo el viento metal para no tapar a los cantantes, consiguiendo buena concertación entre foso y escenario.

El reparto, en general, con mucha voz pero adoleció de poco matiz, con excepción del barítono César San Martín (Vidal) con un buen fraseo y musicalidad y que supo suplir con técnica su algo limitado registro vocal. Muy bien en su romanza “Por el amor de una mujer que adoro”.

Tanto Maite Alberola (Luisa Fernanda), como Jorge de León (Javier) y Rocío Ignacio (Duquesa Carolina), los tres con amplio registro sonoro pero poco matizado con deficiente respiración y vocalización. Menos mal que había sobretitulados. Correctos el resto de personajes.

El Coro Lírico de Cantabria dirigido por Elena Ramos, actuó de forma controlada, algo cortos de volumen, aunque necesita la renovación de algunas voces sobre todo en las féminas que sonaron destempladas en algunas escenas. Bien en la famosa escena de las sombrillas.

Lo menos interesante es la dirección de escena, original de Davide Livermore, que en Santander se hizo cargo Emilio López. Sitúa la escena en el antiguo Cine Doré de Madrid lo que la aleja de la concepción que le dieron los libretistas que sitúan la acción a finales del reinado de Isabel II, y que produce incoherencias con el libreto original. Escenografía trabajada con un elemento central giratorio aunque llega a cansar.

Floja dirección de actores y exceso de bailes que no vienen a cuento, aunque estuvieron bien ejecutados. Buena iluminación y vestuario poco destacable.

Lleno total de la Sala Argenta y grandes aplausos finales, sobre todo a la orquesta, que esperemos su pronto regreso. Ojalá que no haya que esperar otros diez años.