La Galería Juan Silió, en Santander, acogerá la exposición ‘Fisura y aliento’ de Manuel Diego Sánchez
La Sala Mauro Muriedas, en Torrelavega, abrió 2026 con la muestra ‘Obreras. Las mujeres en la Sniace’
La Galería Juan Silió, en Santander, acogerá la exposición ‘Fisura y aliento’ de Manuel Diego Sánchez entre los días 16 de enero y 7 de marzo, mientras que la sala Mauro Muriedas, en Torrelavega, abrió 2026 con la muestra ‘Obreras. Las mujeres en la Sniace’.
En esta primera exposición en la Galería, Manuel Diego Sánchez plantea un proceso abierto de aproximación al paisaje a partir de fragmentos, registros y desplazamientos de la imagen.
‘Fisura y aliento’ presenta una serie de obras que surgen del encuentro del artista con el territorio de Islandia, entendido como un espacio donde lo que se hunde y lo que emerge de la tierra coexisten en tensión constante. Este paisaje, marcado por fuerzas geológicas activas y temporalidades superpuestas, se convierte en un campo de investigación desde el que pensar la imagen y el paisaje no como representación estable, sino como proceso, huella y posibilidad.
La muestra se propone como una narración que especula con el lugar mediante la introducción de elementos de ficción, con la aspiración de construir paisajes en el imaginario y activar una lectura sostenida a partir de la observación y de una relación analítica con el territorio.
Este proceso se articula a través de intervenciones efímeras en el paisaje realizadas con elementos mínimos, y la documentación de estas acciones con medios analógicos es transformada posteriormente en el estudio mediante procesos digitales y herramientas de inteligencia artificial. El imaginario que emerge oscila entre lo familiar y lo extraño: lugares que creemos reconocer se revelan desplazados y transformados.
En la serie Fisuras, el artista sumerge papeles absorbentes en distintas fracturas naturales por las que emergen aguas subterráneas, geotérmicas o procedentes del deshielo glaciar, que después encapsula en bolsas herméticas. Esta práctica de observación atenta del territorio, cercana a una lectura indicial del paisaje, atiende a señales mínimas, pistas o vestigios, desde una mirada próxima a lo forense, generando imágenes cambiantes e inestables sobre superficies delimitadas a partir del contacto directo con el flujo y los sedimentos ocultos.
Partiendo de fotografías de archivo del paisaje islandés, la serie ‘Posibilidad de aliento’ activa un espacio de especulación visual. Las imágenes, intervenidas mediante procesos de inteligencia artificial que incorporan elementos de ficción y cuyas dimensiones remiten a medidas tomadas por el artista en el propio lugar, se alejan de su condición referencial y proponen formas inestables, atravesadas por variaciones, distorsiones y desajustes.
El archivo se presenta como un territorio inconmensurable, donde la imagen deja de afirmar para ensayar: un espacio en el que los lenguajes se desplazan, los relatos se desvían y el paisaje se ofrece como hipótesis antes que como evidencia.
Herðubreið ocupa un lugar central en este proyecto por su condición simbólica dentro del paisaje islandés y por la persistencia con la que ha sido representado a lo largo del tiempo. Aislado y reconocible, este volcán ha circulado como una imagen compartida, acumulada en archivos personales, culturales y visuales, hasta integrarse en la vida cotidiana y el imaginario colectivo de la isla.
Esta presencia reiterada desplaza al paisaje hacia los márgenes de la representación: Herðubreið deja de ser únicamente un lugar para convertirse en una imagen maleable, susceptible de ser transformada, reinterpretada y desplazada. El trabajo se sitúa en ese espacio intermedio donde la imagen ya no responde a una lógica descriptiva, sino a un proceso intuitivo de aproximación, en el que nombrar, señalar y volver a mirar se convierten en actos generativos.
Las obras en torno a Herðubreið ensayan distintas formas de activar esa imagen acumulada. Por medio de variaciones, repeticiones y desplazamientos, el volcán aparece una y otra vez sin llegar a fijarse. Este retorno constante no busca clarificar la forma, sino mantenerla activa y abierta a nuevas lecturas. En ese movimiento se manifiesta el aliento del paisaje y el del propio artista: una energía latente que atraviesa las imágenes y las mantiene en suspensión, permitiendo que cada una funcione como una posibilidad más dentro de un proceso en curso.
Manuel Diego Sánchez (Santander, 1993)
Su trabajo se sitúa entre la fotografía y la instalación, y se formula como una suerte de narración que especula sobre los lugares a los que dice referirse, introduciendo elementos de ficción con la aspiración de proponer imágenes a nuestro imaginario y abrir preguntas sobre ellas a partir de la observación contemplativa.
Sus procesos implican la intervención de elementos del paisaje, la manipulación del documento, el registro y el gesto pictórico, para generar imprecisión y extrañeza: una sensación que remite a algo que nos resulta familiar y, al mismo tiempo, extraño, y que surge cuando lo que creíamos conocer se nos presenta de una forma inesperada o desconocida.
Sus trabajos más recientes incorporan tecnologías digitales de machine learning, introduciendo en su práctica la exploración de imágenes intervenidas con inteligencia artificial.
Graduado en Arte por la Universidad del País Vasco, estudiante afiliado en University of Nevada (Reno, Estados Unidos) y Máster en Gestión Cultural por la Universidad Carlos III de Madrid, su trabajo se ha podido ver en Tabacalera Promoción del Arte (Madrid), Museo de Arte Contemporáneo MAC (A Coruña), Centre d’Art Tecla Sala (L’Hospitalet de Llobregat), CIC El Almacén (Lanzarote), Las Cigarreras (Alicante) o Sala Parés y Galería Trama (Barcelona), entre otras.
En 2017 recibe la ayuda Injuve a la Creación Joven y en 2020 el comité de adquisiciones de PhotoESPAÑA selecciona su proyecto ‘Narrar lo imposible’ en Espacio Alexandra dentro del Festival OFF.
Su obra se encuentra en colecciones de instituciones como Fundació Banc Sabadell, Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander y Cantabria (MAS) o Gobierno de Cantabria, entre otras.
Fotografías
‘Obreras. Las mujeres en la Sniace’ es la exposición que acoge la Sala Mauro Muriedas, en Torrelavega. La concejala de Cultura, Esther Vélez, acompañada por Sara del Hoyo, comisaria de la muestra, ha presentado esta nueva propuesta que podrá visitarse hasta el 1 de febrero.
La muestra incluye más de 100 fotografías, documentos originales, revistas editadas por la propia Sniace en los años 50, 60 y 70, postales y piezas vinculadas a la fábrica. Y está articulada en cinco apartados que van de lo general a lo particular: Mujer, trabajadora tenías que ser, la Sniace, una ciudad dentro de la ciudad, Ellas, trabajadoras con nombre propio, El trabajo femenino, también un arte, y Rostros. Las que fuimos, las que somos.
Según ha explicado Vélez, se trata de una exposición “inédita, interesante, enriquecedora y muy de Torrelavega” que, fruto de una exhaustiva investigación de Sara del Hoyo, ofrece una “mirada muy interesante” sobre el papel de las mujeres en la industria, centrándose en la fábrica Sniace.
Por su parte, la comisaria ha dicho que es “muy gráfica, amena y fácil de ver”, y ha destacado que es “el inicio de un proyecto más amplio que recupere las voces y experiencias de las mujeres que trabajaron en Sniace”.
El objetivo, ha indicado, es que “no se quede en una exposición temporal al uso, sino que sirva para enganchar un poco a todas esas mujeres que trabajaron en Sniace y que nos quieran contar sus experiencias”. Con ese fin, ha apuntado, hay una sección en la exposición que está pensada para que esas mujeres, o quien haya trabajado, o conozca a alguien, cuenten sus experiencias y seguir construyendo memoria colectiva.
Del Hoyo también ha tenido palabras de agradecimiento a todas las entidades que han hecho posible esta exposición, entre ellas: el Archivo Municipal de Torrelavega, el Archivo Histórico Provincial de Cantabria, el Centro Documental de la Imagen de Santander, el Servicio Cántabro de Salud y la Asociación Desmemoriados, entre otras instituciones.
Cuenteacuentos
La Casa de Cultura de Santoña acogerá el viernes, día 16 de enero, a las 18.30 horas, una nueva sesión de cuentacuentos con un aforo máximo de 30 plazas para niños a partir de tres años, siendo necesario apuntarse previamente.
La monitora de tiempo libre María de los Ángeles Igartúa narrará el cuento ‘Balancín y el unicornio’, de Julia Donaldson, que irá seguido de una manualidad.
¿Qué aventuras viviría un caballito de madera si pudiera convertirse en uno de verdad? Balancín lo descubre cuando un unicornio, con una sacudida de sus crines y un destello de sus ojos azules, le concede ese deseo.
Pese a todo, el caballito no se divierte tanto en la pista de carreras ni en el mágico mundo del circo como cuando jugaba con niños. ¿Podrá volver a ser como antes?