CRÍTICA

El difícil camino del Ballet Nacional de Cuba hacia un nuevo repertorio

Ballet Nacional de Cuba en el Palacio de Festivales. Ángel Camarero

El Palacio de Festivales de Cantabria acogió la actuación, dirigida por Viengsay Valdés

FICHA:

-Danza: Ballet Nacional de Cuba. Directora artística: Viengsay Valdés

-Coreografías de: Ricardo Amarantes, Ben Stevenson, Alexei Ratmanski y Uwe Scholz

-Palacio de Festivales de Cantabria, Sala Argenta. Viernes, día 19 de mayo de 2023.

-Calificación (sobre 5): **

Durante muchos años el Ballet Nacional de Cuba vivió bajo el prestigio y el empuje de Alicia Alonso, una de las grandes bailarinas clásicas del siglo XX. Su influencia acaparó todo el repertorio artístico de la compañía, pero los años pasaron y Alonso seguía con su mentalidad de escuela clásica, cuando en el resto de las grandes compañías de ballet se producía la necesaria renovación en programas, técnicas y estilos. Esto produjo un estancamiento en las formas del ballet cubano y la pérdida de un antiguo prestigio que ya no volvería.

En 2020 es nombrada directora artística Viengsay Valdés, otrora reputada bailarina clásica que creció bajo la sombra de su mentora Alicia Alonso. Uno de sus retos como directora es hacer crecer a su compañía con nuevos programas, ampliando nuevos repertorios. La intención es meritoria pero tienen un obstáculo de raíz: su estructura, su técnica y hasta su mentalidad siguen siendo clásicas, sin conocimientos ni experiencia en el mundo contemporáneo o neoclásico.

Esta bisoñez en el repertorio moderno se nota en los programas que los cubanos han presentado en nuestro país con una extensa gira por catorce ciudades, incluyendo en Santander, donde a pesar de lo interesante de las propuestas, todo resultó monótono y sin el brillo necesario.

Un inicio con 'Love, fear, loss', la melódica obra del coreógrafo brasileño Ricardo Amarantes, estrenada en Flandes en 2013, basada en la experiencia vital de Edith Piaf, donde con piano en directo -no se comunicó el nombre de la pianista-, se reflejan los tres estados anímicos de la vida de la cantante, Amor, miedo, pérdida. Son tres pas de deux para tres parejas distintas que los cubanos bailaron con cierta corrección, mejor la tercera que las dos primeras. Bien la pianista, tocando con ímpetu el 'Himno al amor', 'Ne me quitte pas' y 'Mon dieu' reflejo de los estados de ánimo que Piaf vivió con el amor y la pérdida del ser amado.

Tanto en 'Tres Preludios', coreografía de Ben Stevenson basado en los Preludios para piano de Rachmaninov, como en 'Concierto DSCH' del coreógrafo Alexi Ratmanski con música de Shostakovich, las prestaciones artísticas de los bailarines cubanos bajaron en buena medida, dejando al descubierto sus carencias técnicas con evidentes fallos de coordinación en los momentos grupales y ejecutando las entradas en jeté con poco lucimiento y evitando riesgos.

Ya en la segunda parte, algo mejoraron las intervenciones con 'Séptima Sinfonía', coreografía del alemán Uwe Scholz basada en la sinfonía de Beethoven, estrenada en Stuttgart en 1991 y bailada por primera vez hace menos de dos años por el Ballet Nacional de Cuba, gracias a la ayuda artística de la bailarina catalana Roser Muñoz, colaboradora de Uwe Scholz en el Stuttgart Ballet.

Ella misma reconoce en una reciente entrevista que la compañía cubana está en un proceso de renovación de programas y técnicas que hasta ahora no habían experimentado.

Nuevos bailarines, algunos aún muy jóvenes, pero con buena técnica de la escuela cubana, que aún les queda un largo y difícil camino que recorrer. En 'Séptima Sinfonía' se nota un duro trabajo de coordinación y adaptación a las nuevas técnicas aunque aún están lejos de poder brillar en este repertorio.

Todo resulta plano, con cierta corrección, mejor en los pasos a dos que en las escenas grupales, donde queda la sensación de batiburrillo y de cierto cansancio, y que esta larga gira tampoco ayuda.

Al final calurosos aplausos de una abarrotada Sala Argenta que premió un trabajo al que aún le quedan muchas costuras que coser.

Por cierto, el retraso en el inicio de las funciones del Palacio de Festivales, sin una causa real que lo justifique, empieza a ser una situación crónica y una falta de respeto al público que de forma disciplinada llega a la hora fijada.