CRÍTICA

Daniel Harding vuelve a dar una lección de maestría en Santander

La Orquesta de Cámara de Europa.

El Palacio de Festivales de Cantabria acogió el concierto de la Orquesta de Cámara de Europa

FICHA:

-Chamber Orchestra of Europe.

-Obras: Jean Sibelius: Sinfonía n° 4, op. 63, y 'Pelléas et Mélisande' Suite, op.46. Ludwig van Beethoven: Obertura de 'Coriolano'  y Sinfonía n°4 op. 60.

-Director: Daniel Harding

-Palacio de Festivales de Cantabria, Sala Argenta. Lunes, 7 de agosto de 2023

-Calificación (sobre 5): ****

Hay programas de conciertos que por su elevado interés y por ser poco habituales, justifican la existencia de los festivales de música. Esto ha vuelto a ocurrir con la nueva visita al Festival de Santander del director inglés Daniel Harding (Oxford, 1975) al frente de la excelsa Orquesta de Cámara de Europa. Y lo ha hecho con un programa nada convencional ni fácil, largo y de amplias conexiones históricas.

Ya nos dejaron claro desde el principio que la cita iba a discurrir por unos parámetros musicales nada habituales, con una Obertura de 'Coriolano',  de Beethoven, impactante, de asombrosa musicalidad que fue una verdadera tarjeta de presentación de la calidad de los músicos y de un director con las ideas y formas muy claras.

Con 'Sibelius y su Cuarta Sinfonía' demostró como se puede interpretar una obra de naturaleza triste y oscura, de una forma lírica y con puro sentimiento. Es una obra difícil para los músicos y para el público, sobre todo para los no acostumbrados. Y aún así, toda la sección de cuerdas brillaba de una manera increíble, de una calidad y conjunción pocas veces vistas.

El inicio de la sinfonía es terriblemente sombrío, con un solo de violoncello de canto triste (fantástico Will Conway de solista) y el famoso uso del tritono, un paso de tres tonos completos, y que domina toda la sinfonía.

La calidez y el reposo del segundo movimiento dio paso al movimiento lento del tercero, donde Harding destacó a las flautas para remarcar el aspecto sombrío que domina toda la obra. Pero serán de nuevo las cuerdas las que dieron paso al cuarto movimiento como un trampolín y donde la orquesta consiguió alcanzar el clímax desesperado y disonante que Sibelius quería destacar. 

El largo programa continuó con Sibelius y su Suite de 'Pelléas et Mélisande', del mismo tono y calidad de la Cuarta Sinfonía, cuerdas en estado de gracia y lirismo puro. Una obra pocas veces escuchada en directo a pesar de su calidad innegable.

Y se llegó al momento culmen de la noche, con una esplendorosa versión de la Cuarta Sinfonía de Beethoven, todo un ejercicio de maestría y  concertación. Harding dirige con gesto conciso, sin exageraciones, de forma elegante, con un uso magnético de la mano izquierda que consigue la complicidad absoluta de unos músicos que poseen tal nivel interpretativo que casi podrían tocar solos.

Percusión

El inicio del primer movimiento ya fue apasionado, compacto, dando paso al 'Adagio' del segundo movimiento con un sonido de las cuerdas que era puro terciopelo. El viento y la percusión siempre acompañando, nunca tapando. Tanto el 'Allegro' del tercer movimiento como el paso fugaz al cuarto fue toda una demostración de conjunción y musicalidad, hasta el final de la sinfonía, una auténtica lección de virtuosismo direccional e interpretativo.

Pocas veces se tiene la ocasión de escuchar a unos músicos con tal nivel, provenientes de distintas orquestas europeas, que se juntan solo en momentos concretos formando la Chamber Orchestra of Europe, y que hoy por hoy, es de los conjuntos más relevantes del continente. Y si además les dirige una batuta heredera del maestro Claudio Abbado, como es Daniel Harding, la genialidad en todas sus vertientes está servida.

Después de casi dos horas y media de música tan excelsa, la orquesta se retiró a pesar de los calurosos aplausos de un público embriagado y agradecido.