La belleza evocadora de los ballets de Gluck, cautivan en Santander
El Palacio de Festivales de Cantabria acogió la representación de ‘Semiramís’ y de ‘Don Juan’
FICHA:
-Danza: Le Ballet de l’Opéra National du Capitole de Toulouse. Christoph Willibald Gluck: dos ballet-pantomima: ‘Sémiramis’, coreografía: Ángel Rodríguez, vestuario: Rosa Ana Chanza Hernández. ‘Don Juan’, coreografía: Edward Clug, vestuario: Leo Kulas. Directora de Danza: Beate Vollack. Grabación musical: Le Concert des Nations, director musical: Jordi Savall. Coproducción entre el Théâtre de l’Opéra National du Capitole de Toulouse, l’Opéra-Comique de París y el Liceu de Barcelona. Palacio de Festivales, Sala Argenta, viernes, 17 de abril de 2026.
Hace ahora un año, Jordi Savall estrenó en el Liceu de Barcelona uno de sus proyectos de recuperación más interesantes, dos obras compuestas por Gluck en el siglo XVIII dedicadas al todavía incipiente mundo de la danza: ‘Sémiramis’, con libreto de Voltaire, y ‘Don Juan’, basado en la obra de Molière. De las coreografías originales no queda nada, por eso se encargaron dos nuevas coreografías a Ángel Rodríguez, para Sémiramis y a Edward Clug, para el Don Juan. Para ponerlas en escena se contó con el Ballet de l’Opéra National du Capitole de Toulouse, todo un lujo para este repertorio. Y es lo que hemos podido ver en el Palacio de Festivales en Santander.
Los bailarines de la compañía se reparten en ambas piezas. El coreógrafo madrileño Ángel Rodríguez se hace cargo de Sémiramis, la menos danzabile de las dos, pero la más dramatizada. Cuenta con siete parejas de baile para abordar el mito típicamente griego de la reina de Babilonia. Una escenografía vacía con tan solo un telón de fondo, un lienzo artesanal, que va desplegándose lentamente para acentuar la sensación del paso del tiempo, sin que el público lo note hasta el momento final, que cae sobre los personajes en todo un símbolo de la atemporalidad de la historia.
A pesar de ser una partitura corta, Rodríguez intenta plasmar la imagen de la protagonista como mujer luchadora, una líder que representa la igualdad y el empoderamiento, aunque el mensaje no llega con claridad al público por una falta de originalidad en los movimientos corporales. Las distintas escenas se unen con momentos de silencios, lentos movimientos de los 14 bailarines, agrupados en cuadros, dúos y tríos, y una iluminación evocadora, magníficamente diseñada para cada escena. La técnica, la elegancia y la pulcritud de todos los bailarines consiguen momentos de especial belleza.
Para el ‘Don Juan’ de Molière, el coreógrafo rumano Edward Clug diseñó una escenografía con caballo, celosías y biombos traslúcidos, todo perfectamente integrado en la coreografía. Y cuenta con los tres personajes reales, Don Juan, espléndido Alexandre de Oliveira, Doña Elvira, exquisita Solène Monnereau, y el criado Sganarelle, estupendo Kleber Rebollo. La idea fue llegar al formato de ballet-pantomima que de forma tan descriptiva fue presentada por Gluck en Viena en 1761.
Clug dibuja al personaje de ‘Don Juan’ como un libertino más hedonista que depredador. Hace un inteligente uso de los símbolos, ahí está el caballo, símbolo del poder, las celosías móviles, el miriñaque y el estupendo juego de luces creando ambientes cambiantes que subyugan al espectador. La escena final, cubriendo al protagonista junto al caballo con un tul blanco, es de un gran impacto escénico. La belleza del vestuario diseñado por Leo Kulas consigue transmitir la esencia de cada escena.
Fue una lástima no haber podido contar en directo con el propio Jordi Savall y su Orquesta de las Naciones, a los que hace unas semanas pudimos escuchar en Santander. Habría sido un lujo disfrutar del trabajo musical del conjunto catalán, y evitar la mala reproducción sonora del Palacio de Festivales.
Los bailarines de La Opéra National du Capitole de Toulouse lucen una perfecta sincronía en todas las escenas. Da gusto disfrutar de la seriedad, la elegancia constante y el rigor de la compañía francesa, que son ejemplos de un trabajo muy serio y de alto nivel artístico. Hasta con los saludos finales respondiendo a los entusiastas aplausos del público, dieron una lección de cómo comportarse en el escenario. Suma elegancia y puro arte.