CRÍTICA

‘La barraca’, Blasco Ibáñez y su dramática actualidad

Representación de 'La barraca'.

El Palacio de Festivales acogió la adaptación teatral de Marta Torres de la novela del escritor

FICHA TÉCNICA:

-Teatro: ‘La barraca’, basada en la novela de Vicente Blasco Ibáñez. Adaptación teatral: Marta Torres. Reparto: Daniel Albadalejo, Antonio Hortelano, Patricia Ross, Jorge Mayor, Antonio Sansano, Claudia Taboada, Elena Alférez, y Jaime Riba. Escenografía: Curt Allen y Leticia Gañán. Iluminación: José Manuel Guerra. Vestuario: Helena Sanchís. Dirección: Magüi Mira. Palacio de Festivales de Cantabria, Sala Argenta, sábado, día 2 de mayo de 2026.

Llevar al teatro una novela como ‘La barraca’ es tarea complicada, pero a la vez de lógica comprensión para el público de hoy. Blasco Ibáñez la publicó en 1898 y ya entonces hizo un retrato feroz de la sociedad rural valenciana, que valdría para cualquier territorio, víctima de temas como los desahucios, las subidas de alquileres, la envidia, la venganza. Situaciones que hoy día son tan actuales que asustan.

Es la primera vez que se hace una adaptación teatral de la novela, y ha sido la escritora Marta Torres la que ha conseguido detallar el realismo rural llevado a nuestros días, dividiendo el texto en tres partes: ‘Pasado y presente’, ‘Los intrusos’ y ‘El fuego’. Estrenada a finales del pasado año, nos ha llegado ahora al Palacio de Festivales en Santander, dentro de la amplia gira que están llevando a cabo.

Llevar a escena el texto de Marta Torres ha sido labor de la directora Magüi Mira. Una tarea nada fácil donde usa todos los personajes originales de forma coral, con movimientos casi en coreografía, descalzos, siempre todos en escena. De esta forma consigue mantener la tensión dramática y su evolución desde las primeras escenas donde se origina la trama hasta el trágico final. Unos personajes bien definidos que se mueven a través de una escenografía sencilla, pero efectiva, creando las distintas situaciones en perfecta armonía.

Cada uno de los personajes dan vida a la avaricia, el hambre (espléndido el monólogo inicial), la violencia, el odio y la falta de piedad que arruinaron en el pasado a la familia de tío Barret, a quien representa un brillante y emotivo Jorge Mayor, y fraguan de nuevo la tragedia de la familia de Batiste Borrull, interpretado magistralmente por Daniel Albaladejo.

El trabajo actoral hace un estupendo ejercicio de versatilidad, aunque tal vez nos parece que se abusa del histrionismo en muchas escenas, con gritos desgarradores que pensamos que no son tan necesarios, la propia historia ya es lo suficiente desgarradora como para exagerarla aún más.

La violencia siempre está latente en escena, la tensión se va destapando en su gradual evolución, no hay relajación para el espectador que observa como los acontecimientos son descritos con una realidad pasmosa y reconocible hoy en día. Y cuando parece que podría calmarse esa extraña relación de vecinos en las tierras de labranza, la tragedia termina por culminar una vecindad del todo imposible.

En esta adaptación, queda bien reflejada esa sociedad burguesa del siglo XIX, que acumulaba propiedades y dinero para explotar al proletario campesino, que expresaba su rabia con resignación y desesperación en la mayoría de los casos.

El enfrentamiento entre la familia Barret desahuciados, y la familia de Batiste Burrul, los recién llegados a las tierras, es una lógica consecuencia de la explotación laboral y social que tan bien se refleja en la novela y ahora en la versión teatral.

Todo el reparto hace un trabajo ímprobo, bien dirigidos por Magüi Mira en una labor escénica realista y detallista. La escenografía a base de dos grandes espejos y el uso de sacos de tierra, consigue reflejar de forma simbólica todo el drama rural de la obra.

Tal vez, la ambientación musical usada para unir distintas escenas, parece alejada de esa tensión acumulada, algo que sí consigue el diseño de iluminación, creando atmósferas y escenas de máxima atención. El vestuario, demasiado básico en su reflejo rural.

Fue de agradecer que la propia Magüi Mira estuviera en Santander y tuviera el detalle de salir a saludar al escenario ante un público entregado que llenaba la Sala Argenta, tras un gran trabajo de adaptación, escénico y actoral.