El PRC pide la puesta en valor y rehabilitación de la Casa Rosales en Mataleñas

Casa Rosales en Santander.

Los regionalistas proponen convocar un concurso de ideas para dar un uso cultural al edificio vinculado al patrimonio natural y paisajístico de la zona

El Grupo regionalista en el Ayuntamiento de Santander pedirá la puesta en valor y rehabilitación de la Casa Rosales y de la finca colindante, en Mataleñas.

Una propuesta que llevarán a Pleno vía moción y con la que pretenden la convocatoria de un concurso de ideas para dar un fin adecuado al edificio, preferentemente cultural, y vinculado al patrimonio natural y paisajístico de la zona.

Los regionalistas defenderán que no vuelva a caer en la ruina otro edificio que forma parte de la historia de Santander y de Cantabria como lo fueron el teatro Pereda, la muralla Carlista de la Calle Alta, el Cabildo, el Castillo de Corbanera, o la batería de Cabo Menor, destruidos por la “desidia” y la “dejadez” de los sucesivos gobiernos municipales.

El portavoz regionalista, José María Fuentes-Pila, explicó que la intervención que plantean pasaría por el estudio del estado del inmueble, su rehabilitación y su puesta en valor tanto histórica, como natural-paisajística y cultural, una recuperación que pueda generar unas sinergias transformadoras de la zona aumentando su enorme valor natural y paisajístico y permitiendo recuperar una parte de la memoria de la ciudad.

“Este Grupo está comprometido con la conservación del patrimonio de la ciudad, que la hace única, que configura su idiosincrasia y que es resultado de una época, de un pensamiento, y de una forma de entender la ciudad”, incidió.

Finca Rosales -Matalena

Ubicada en la actual avenida del Faro número 22, la finca Matalena, es un ejemplo evidente de deterioro del patrimonio material del Ayuntamiento, de la propia memoria de la ciudad, en opinión del PRC. Una construcción que data de 1933, cuando el director de la Compañía General de Tabacos de Filipinas presentó ante el Ayuntamiento de Santander una solicitud para construir una casa de campo u hotel para la familia.

Más tarde la propia historia hizo que, entre otras cosas, fuera incautada por el Consejo Interprovincial de Santander, Palencia y Burgos, para instalar allí al Gobierno Vasco tras la caída de Bilbao. Esta imponente casona conocida como ‘El Bohío’, ‘de Rosales’, ‘La filipina’ o simplemente de ‘Las hiedras’ fue una casa de gran empaque construida por Don Valentín Ramón Lavín Casalís.

Un arquitecto y urbanista que dejó una importante impronta en la ciudad con obras tan emblemáticas como el edificio de Bomberos Voluntarios, la propuesta de ampliación de la ciudad hacia el Sardinero, Quinta los Pinares o Casa Santos, y hermano de Fernando Lavín Casalís, quien fue alcalde de Santander desde 1892 hasta 1893. 

La casona consta de dos cuerpos unidos por otro de enlace y con dos plantas generales, más una de ático para las habitaciones de la servidumbre y otra de sótano para la caldera de calefacción y lavaderos, planta baja, hall comedor, despacho, tocadores, dormitorios, sala de costura, en total casi 1.000 metros cuadrados de casa.

Cruce de Vista Alegre

Los regionalistas de Santander también han solicitado estudiar la reordenación del cruce de Vista Alegre en su confluencia con la Calle Asilo con el fin de mejorar el tránsito y la seguridad peatonal puesto que los viandantes se ven obligados a ir por la calzada.

Cruce de Vista Alegre.

El vallado actual de una de dichas aceras es el principal escollo para lo cual piden que se libere una parte y se cree un paso de peatones al término de la calle Asilo que facilite acceder a la acera sin tener que bordearla por la calzada.

Y es que este punto no es la primera vez que genera controversia. A raíz de las obras de las escaleras mecánicas, el PRC hace cinco años criticó la desastrosa ejecución de dicha obra ya que diversas partes del recorrido estaban totalmente valladas e impedía el paso a los vecinos obligándoles a saltar la valla, o a caminar directamente por la carretera.

Metros de barandilla que en algunas zonas no tenían ningún sentido y tras la denuncia de los regionalistas el Ayuntamiento hizo un apaño cortando parte de las mismas y pintando un paso de cebra que no existía”, recordaron.

Es por ello que ahora los regionalistas quieren que este embudo se vea resuelto de una vez por todas y evitar que siga siendo un punto negro en materia de accesibilidad y seguridad.